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Durante los últimos años y en colaboración con Vicente Vázquez, he trabajado sobre ciertas formas de actividad, en muchos casos consideradas hoy en día como deporte, en otros casos en vías de consolidarse como tal, que hacen uso de máquinas cinéticas. Aunque establecidos en un marco competitivo (éste es uno de los elementos básicos que señalan la transición de estos fenómenos de meros pasatiempos a deportes) estas prácticas tienen en su base cierta finalidad lúdica. Hace varios años estuvimos trabajando en una mina de hierro a cielo abierto en los Alpes Austríacos donde cada verano se celebra una carrera de Enduro (una modalidad de motociclismo de montaña). Allí tuvimos el primer contacto con el modus operandi de Red Bull (que produce, financia y retransmite el evento para su canal de televisión) y es a partir de esa experiencia que empezamos a interesarnos más por este mundo sobre el cual he rescatado hoy algunas reflexiones que creo que puede ser útil compartir con vosotros.

Red Bull es una adaptación de la bebida Thailandesa Krating Daeng. En Thailandia es una bebida ampliamente consumida por camioneros, obreros de la construcción y trabajadores del campo. Un austriaco (Dietrich Mateschitz) la descubrió en una viaje de negocios y decidió adaptarla para el público occidental. En esa adaptación mantuvo el nombre (traducido al inglés) el logotipo, dos toros enfrentándose y gran parte del esquema de colores y del tratamiento visual de la lata. El eslogan desde su lanzamiento reza: RED BULL TE DA ALAS.

Kaprow vinculó en numerosas ocasiones la práctica del happening con la tradición de los deportes de aventuras desde sus primeros escritos de los 60, en Education of the Un­artist II (1972), se sirve del libro Homo Ludens de Huizinga para plantear la función ritual del juego y la función de transformación social de lo lúdico. En un momento dice lo siguiente: “A menudo se ha observado que hoy en día no contamos ya con rituales sagrados que alguien pueda observar y menos sentir, que tengan la mas remota función representativa y por tanto propiciatoria. Sólo en deportes como el surf, las carreras de motocicletas y el paracaidismo; y en protestas sociales como las sentadas; y en los juegos con lo desconocido como los aterrizajes lunares nos aproximamos a ellas de manera no oficial. Y la mayoría de nosotros adquirimos estas experiencias de manera indirecta, a través de la televisión, participamos solos, inmovilizados”.

Red Bull ha basado gran parte de la construcción de su imagen de marca en la esponsorización de deportes de riesgo. Una gran cantidad de esos deportes se sirven de la gravedad como elemento definitorio, se trata de percibir la fuerza gravitoria y en tanto que producen imágenes de estos fenómenos, se trata también de visibilizar la fuerza de la gravedad, de renderizar visible lo físico.

Red Bull Cliff Diving World Series, Puente de La Salve, Bilbao 2015. Fotografía de Sebas Romero / Red Bull Content Pool. Fotografías de Red Bull Media.

En su libro God and the Gun, Rafael Sánchez Ferlosio dedica un capítulo a ampliar las categorías de juego que Huizinga desarrolla en el libro que antes he mencionado, Homo Ludens. Ferlosio relaciona ciertos recuerdos felices de su infancia con lo que él denomina juegos deslizantes. Recuerda cómo de niño se montaba en la rama de una palmera datilera para deslizarse sobre un terraplén cubierto de agujas de pino. En el pasaje plantea que los juegos deslizantes son anagónicos y anómicos (no se basan en la competición y apenas tienen reglas). Entre las características que otorga a estos juegos están la ventaja sobre la gravedad, la convergencia entre sentido y dirección y lo que él llama el tiempo consuntivo. Si la ventaja sobre la gravedad anula o minimiza el esfuerzo, la convergencia entre el objetivo (deslizarse) y la acción (deslizarse) le dan a este juego un carácter auto­contenido y le otorgan al tiempo un carácter distenso (éste es un término acuñado también por el propio autor). Según Sánchez Ferlosio los juegos deslizantes se vuelcan en el ahora y poder ende priman la felicidad a la historia. Estos juegos plantean quizás una concepción vertical del tiempo frente a la horizontalidad de la historia. Sánchez Ferlosio hace uso de una cita de Hegel para explicar esta incompatibilidad entre Felicidad e Historia: “También al contemplar la Historia se puede tomar la felicidad como punto de vista; pero la Historia no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco. Cierto que en la historia universal se da también la satisfacción, pero ésta no es lo que se llama felicidad, pues es la satisfacción de fines que sobrepasan los intereses particulares. Fines de importancia para la historia universal requieren voluntad abstracta, energía, para ser mantenidos. Los individuos de significado para la historia universal, que han perseguido esos fines, han encontrado ciertamente satisfacción, pero han renunciado a la felicidad”.

Red Bull ha creado su imagen en relación a los deportes de riesgo, donde la gravedad es un elemento definitorio.

Ferlosio sitúa la felicidad en un presente que es suficiente en sí mismo, que no requiere de referentes externos (logros pasados, objetivos futuros); un ahora que no refiere. En tanto que el esfuerzo (tanto individual como colectivo) es una actividad orientada a fines, estaría también del lado de la satisfacción y no de la felicidad.

La diferencia formal entre el BASE jump y el paracaidismo o la caída libre, es que mientras en el segundo se salta de un avión en movimiento, en el primero trata se de saltar desde objetos fijos, desde una base sólida. Antes de que Boenish y sus amigos inventaran el acrónimo BASE (buildings, antennas, spans and earth) a finales de los 70, utilizaban la noción de “fixed object” u objeto fijo. Aunque las primeras tentativas de BASE jump se hicieron en un espacio natural, el acantilado de El Capitan en Yosemite, pronto iniciaron saltos desde estructuras en ambientes urbanos, desde objetos erigidos por el trabajo humano; antenas, puentes y edificios en construcción. Ya a principios de siglo Franz Reichelt, un inventor austriaco, se sirvió de un elemento arquitectónico para lanzarse al vacío: en 1912 saltó desde la Torre Eiffel con el objetivo de probar el paracaídas que había inventado. Cuando los clavadistas de Red Bull vinieron a Bilbao, utilizaron también una obra de ingeniería civil, el puente de la Salve 1Se trata del primer puente sistema de tirantes y plato metálico de España, ideado para agilizar el creciente tránsito rodado a la ciudad. Su altura y anchura entre pilares permite el paso libre de barcos. El puente tiene además dos ascensores para peatones. Se construyó entre 1968 y  1972 y es obra del  ingeniero de caminos Juan Batanero. En el 2006 el Guggenheim lanzó un concurso público para intervenir el puente con el objetivo de integrar aún más el puente a su conjunto arquitectónico y celebrar así su décimo aniversario. Gehry ya había construido una torre vacía que conectaba el museo con el lado opuesto del puente y Daniel Buren, ganador del concurso, transformó el arco que sostenía los tirantes superponiéndole un arco rojo. , como plataforma desde la que efectuar sus saltos a la ría.

Red Bull Cliff Diving World Series, Puente de La Salve, Bilbao 2015. Fotografía de Sebas Romero / Red Bull Content Pool. En esta imagen se puede apreciar el travelling vertical construido por Go Pro para realizar el seguimiento de la caída. Fotografías de Red Bull Media.

En uno de los textos que Susan Sontag escribió sobre los happenings (Happenings, an Art of Radical Juxtaposition, 1962), también podemos encontrar la referencia a la utilización de espacios urbanos o industriales, cierta tendencia a la objetualización del performer, así como la preeminencia de la acción sobre la palabra. Lo que en palabras de Kaprow sería la preeminencia de acción significante sobre la reflexión o la meditación. Sontag también compara los happenings con el Teatro de la Crueldad de Artaud, vinculando la indiferencia por la palabra, el énfasis en la gestualidad y el sonido así como, en sus propias palabras, el tratamiento suprapersonal o impersonal de la audiencia. En un momento del texto podemos leer que como el propio nombre sugiere, los happenings son siempre en tiempo presente. Echando un vistazo a las declaraciones de los Base Jumpers sobre su práctica, siempre encuentras esta noción de presente puro, o de la presencia en su cota más alta de intensidad, a menudo hablan de la caída libre como momento en el que el ahora se expande.

Tanto en los happenings como en los Base Jumps, siempre existe la noción del presente puro; la caída libre como el momento en el que el ahora se expande.

Al parecer el primer estudio monográfico sobre el fenómeno de la caída libre, lo llevó a cabo un geólogo también austriaco llamado Albert von St. Gallen Heim en 1892. Heim es reconocido por realizar la primera carta geológica de los Alpes. Tras haber superado una experiencia similar en una de sus travesías de montaña, Heim publicó un estudio sobre la percepción de la caída libre, construido a partir de encuestas a personas que las habían sufrido y habían sobrevivido para contarlo. En este estudio afirma que “No sintieron pena, ni tuvieron miedo paralizante del tipo que se tiene en instantes de menos peligro (por ejemplo en los incendios). No experimentaron ansiedad, ni rastro de desesperación, ni dolor, más bien se sentía una seriedad calma, una aceptación profunda, una rapidez mental dominante además de un sentimiento de seguridad. La actividad mental se volvía enorme, multiplicando su velocidad e intensidad más de cien veces. Las relaciones entre los eventos y sus posibles consecuencias se consideraban con claridad objetiva. No había lugar para la confusión. El tiempo se expandía enormemente.”

Boceto realizado por Albert Heim de una falla de cabalgamiento, un fenómeno geológico de rotura e inversión de los estratos por fuerzas de compresión. Cuando Felix Baumgarten realizó el primer salto al vacío desde la estratosfera, financiado por Red Bull, llamaron a la operación Red Bull Stratos.

Jacques André Istel (de origen francés) fue, además de inversor de Wall Street, precursor del paracaidismo deportivo en Estados Unidos. Esto es lo que le dijo al Times Magazine en 1957 sobre la experiencia de la caída libre: “Te dejas caer del avión y repentinamente has cambiado de elemento. Empiezas a caer pero no sientes nada, solo una maravilloso sentido de control. Es como estar inmerso en agua ligera. Luego levantas el brazo derecho y haces un giro, tan simple como eso. Es una sensación increíble.”

Jean Boenish, que junto a Carl Boenish, fue pionera en la fotografía en caída libre y creadora del BASE Jump, dice estas frases en un fragmento de las múltiples películas que realizaron. Después de su primer salto base desde El Capitan, en Yosemite, la cámara se le acerca mientras se quita el casco y ella dice: “Es lo que los paracaidistas llaman un subidón, saltas y no hay absolutamente nada, porque no puedes trabajar con nada, estás a la merced de nada, Estás cayendo.”

Caer en el vacío como un mero objeto; tal vez esa sea la necesidad de conocer los límites físicos del propio cuerpo.

Así como el alpinismo empieza a practicarse en la era de oro de los exploradores, también el Base Jump y los happenings empiezan a practicarse simultáneamente, en los 60, después de ambas guerras mundiales y en pleno ejercicio de desmontaje de la modernidad. De la misma manera que algunos victorianos descubrieron la necesidad de mapear los rincones oscuros del mundo, otros jóvenes descubrieron en los 60 la necesidad de mapear los límites físicos de sus propios cuerpos. Volviendo a ver las imágenes de personas lanzándose al vacío desde puentes en Bilbao, rascacielos en Dubai, plumas de construcción en Shangai, antiguas centrales nucleares en Estados Unidos o estructuras de telecomunicaciones en Moscú, incluso viendo a gente subir a los Alpes en helicóptero y lanzarse al vacío desde sus cumbres, empiezo a preguntarme si estas acciones no son un caerse de los referentes, un arrojarse de la historia y elevarse hacia un sistema de referencias mayor al que se accede a través del cuerpo. Lanzarse de lo construido, de lo recibido, de las bases establecidas y mientras la velocidad las emborrona a los sentidos, caer en el vacío como un mero objeto. Volver a la tierra por la atracción que esta genera, disfrutar y modular, además, esa caída.

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Una versión anterior de este texto se presentó en La Gran Conversación, TBK, en diciembre de 2015.

Usue Arrieta (Arrasate, 1979) Sus proyectos recientes, fuertemente ligados al territorio, lidian con la noción de coreografía. A través del ciclismo de velódromo (Going in circles, Seoul Art Space Geumcheon) y de montaña (La vuelta España a su paso por Picos de Europa y más recientemente el Tour de Francia) o las prácticas cuasi-deportivas como las carreras de goitibeheras y el aeromodelismo en Euskal Herria (Premio X Films, Festival Punto de Vista 2012) ha reflexionado, junto a Vicente Vázquez, en torno a la materialidad de las relaciones de producción post-industriales.

 

 

 

Notas   [ + ]

1. Se trata del primer puente sistema de tirantes y plato metálico de España, ideado para agilizar el creciente tránsito rodado a la ciudad. Su altura y anchura entre pilares permite el paso libre de barcos. El puente tiene además dos ascensores para peatones. Se construyó entre 1968 y  1972 y es obra del  ingeniero de caminos Juan Batanero. En el 2006 el Guggenheim lanzó un concurso público para intervenir el puente con el objetivo de integrar aún más el puente a su conjunto arquitectónico y celebrar así su décimo aniversario. Gehry ya había construido una torre vacía que conectaba el museo con el lado opuesto del puente y Daniel Buren, ganador del concurso, transformó el arco que sostenía los tirantes superponiéndole un arco rojo.