Viene de aquí

I’m comin’ where your lips lie
Ride by thumbin’
Get by get by get by crushin’
I’m on my way to Philomat

Tabby Good and The Nods, The Road

III. Izquierda realmente arcaica

La desaparición de la Unión Soviética se produjo en un estado de avance de los proyectos de derechas –situados en unos parámetros de dudosa categoría liberal– que, si bien fueron resultado de un repliegue hacia las corrientes de izquierda de los años sesenta y setenta, pudieron consolidarse más allá desde una posición negativa, esto es: la derecha –definida especialmente contra la URSS– se volvió revolucionaria –dentro de la lógica reformista anglicana y protestante–.

Queda poco que añadir sobre aquellos revolucionarios de derechas llamados Thatcher y Reagan –por no hablar de uno de los mayores genocidas del siglo XX, Henry Kissinger, que aún hoy sigue pacíficamente asesorando a la FIFA–. En cualquier caso, el terreno allanado por la izquierda europea, en constante disputa con la ortodoxia soviética y asiática, no pudo evitar desbordarse y perder la orientación, más cuando era necesario profundizar sobre qué se podía hacer frente al socialismo realmente existente.

Pero lo fascinante de este proceso es que, simultáneamente, la Historia se estaba fraguando a cocciones distintas; pues el proyecto soviético mostraba los visos de su agonía y, en el seno de las izquierdas europeas, la posmodernidad se estaba abriendo paso cada vez con más fuerza.

No nos resultará chocante saber, por ejemplo, que el propio Foucault, que siempre había mantenido una postura tan crítica sobre las instituciones occidentales, se entrevistara con el Ayatollah Khomeini y predicara la dimensión espiritual de la revolución islámica 1AFARY, J.; ANDERSON, K.B.: Foucault and the Iranian Revolution: gender and the seductions of Islamism. University of Chicago Press, Chicago, 2005 ; o que Kissinger y Thatcher apoyaran a Pol Pot frente al Vietcong –de quienes habrá que recordar que fueron los que liberaron Camboya de los Khmeres Rojos–; o que los primeros que pusieron en práctica las teorías mesetarias de Deleuze y Guattari fueran los miembros del Mossad 2SELIKTAR, O.: Doomed to failure?, PSI Reports; ABC–CLIO, Santa Barbara, CA, 2009 ; o que Europa aplaudiera la intervención estadounidense de Afganistán (1978-1992) creando, definitivamente, las bases económicas y políticas de los muyahidines; o que se comenzaran a defender los postulados neofeudalistas de sociedades teocráticas como la del Tíbet, hasta el punto de considerar esta empresa como emancipadora y asociada a un nuevo cosmopolitismo; o que, finalmente, esté grabada en la imaginación colectiva que el Muro de Berlín es el “Muro de la Vergüenza”, sin saber por qué ese muro estaba allí y no estaba en el resto de la frontera de la RDA.

 

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La Unión Soviética se constituyó negativamente como el axis mundi sobre el que la política global se orientaba o enfrentaba. De hecho, esta categoría dada por contraste, no permitió a Estados Unidos mantener una postura defensiva, con todas las virtudes que ésta tiene: si la manía persecutoria de la URSS era asombrosa, la de EEUU era aún mayor. Pero cuando la URSS desapareció, con ella se fue un proyecto y un símbolo y, gravitacionalmente, dejaron de existir los puntos de referencia que creaban los antagonismos. Ahora, los antagonismos –las dialécticas de Estado– son otros 3Como el IS, un estado perfectamente deleuziano: se abre, se ensancha, se diluye, crece rizomáticamente, sin fronteras definidas ; pero entonces, la sombra alargada y fantasmal de la Unión Soviética al menos tenía algo que ofrecer incluso para aquellos que la despreciaban.

La izquierda que llamamos realmente arcaica, sigue fielmente al Diamat soviético, pero ha sido incapaz de generar una evolución adaptativa después de la desaparición de la URSS.

Con su desaparición, todas las organizaciones eurocomunistas u ortodoxas, lógicamente, se quedaron huérfanas. Su eje había dejado de existir, por lo que las obligaba a adentrarse en un mundo donde sus códigos ya sólo eran palabras huecas y susurros. Lo sorprendente es que, a pesar del tiempo transcurrido, hoy existen muchas organizaciones y estamentos sociales donde ese fantasma aún sigue paseando. Esta izquierda, que llamamos realmente arcaica, es la que se ajusta a ese parámetro espectral: sigue fielmente al Diamat soviético y a las posturas derivadas de la II Internacional, pero ha sido incapaz de generar una evolución adaptativa después de la desaparición de la URSS.

Así pues, nos encontramos a una izquierda, que, a diferencia de la izquierda académica, aún tiene la capacidad de movilizar a otros espíritus gracias a su incongruencia estructural y discursiva: un “sentir de izquierda” –como si la izquierda dependiera de la psicología– que maneja los códigos de la «era industrial», pero que se ha visto superado hace tiempo por ella.

En este sentido, son muchas e incontables las organizaciones políticas nacidas del eurocomunismo que aún preservan, a modo de repliegue, la nostalgia por la URSS, a pesar de contener grandes diferencias programáticas. El empecinamiento a conservar la misma herramienta sistémica -más bien por cuestiones identitarias que de solvencia y eficacia-, es el motivo que, a nuestro juicio, ha impedido su adaptación real.

La izquierda realmente arcaica vive y actúa en función a coordenadas éticas reduccionistas y trabaja con la sustanciación de las ideas, así como con el uso de códigos de circuito cerrado: “pueblo”, “lucha”, “resistencia”, “tolerancia”, “solidaridad”, “Segunda República”, “democracia” y un largo etcétera, donde todos sus componentes están enlazados y conforman una constelación privada.

De este modo, ha conseguido establecer distintos enfoques duales debido a la asignación maniquea de los conceptos “Bien” y “Mal”, estableciendo una moral falaz, la cuál ejemplificó Lenin cuando las definió como infantilismos de izquierda.

Curiosamente, no ha sido arrastrada hasta el sinfín del relativismo, sólo que sus relatos y propuestas, lejos de su capacidad instrumental, sólo les sirven como recuerdo de un mundo que desapareció: así, el mundo no ha cambiado, sino que simplemente está equivocado. Los bienes del pasado hoy constituyen sus losas; losas que, efectivamente, carecen de interés alguno, teniendo en cuenta que es consustancial al marxismo su adaptación dialéctica. De este modo, sus metodologías científicas han demostrado su contradicción: los paradigmas científicos pueden cambiar, pero esto no depende de la voluntad; por eso no se puede “declarar la guerra a la termodinámica” o hacer “la revolución en el seno del electromagnetismo”. Los soviéticos, en su dimensión funcionalista, comprendieron la complejidad que residía en la translación de los textos marxistas a realidades tangibles y, gracias a esto, podemos decir que se alejaron heterodoxa y sustancialmente de su ideólogo. En el qué hacer leninista se halla, a nuestro juicio, la verdadera responsabilidad de dirimir entre la mistificación y el pragmatismo: en ser conscientes de las condiciones adaptativas y, por tanto, creativas y no dogmáticas, que necesitan formular las izquierdas.

Tristemente, encontramos en esta corriente de izquierda un proyecto político más parecido al de un culto, donde sus símbolos, impertérritos, se han esterilizado por su sacralidad. Sus manifestaciones y fiestas, celebrados al refugio de la derrota, parecen más bien funerales: allí se dan la mano, en un Valhalla particular, el Che Guevara, La Pasionaria, Nelson Mandela y algún cantautor carcomido por las polillas. Se nos ofrecen, frente a la resignación, batucadas enérgicas, banderas de la Segunda República, globos y consignas al estilo de Barrio Sésamo. Y, mientras tanto, un Califa sobrevuela con su alfombra el encuentro y dice: “Os avisé y no me hicisteis caso.”

El Califa y sus allegados, sin embargo, permanecen atrapados en un estado de hibernación dialéctico fruto del bad trip de la Glásnost. Y, a pesar del tiempo transcurrido, continúan empleando el Diamat aunque con una clara pretensión evangélica, sin saber que la historia lo ha superado; y, en vez de ajustarse al mundo, quieren que éste se ajuste a ellos. Se puede recordar, ciertamente, que Madrid fue la ciudad que más resistió al fascismo –sólo comparable con Leningrado y Stalingrado-; pero hay algo especialmente triste cuando hoy, bajo esa neurosis identitaria, ensalzada en un auto-homenaje constante, se siguen haciendo marchas contra un enemigo invisible.

Entender que el otro, que el que sufre es intrínsecamente bueno por sufrir, puede llevar a cometer errores profundos.

Fruto de esta neurosis relacional, la izquierda realmente arcaica combate consigo misma por su definición: simultáneamente, rechaza el consumismo pero quiere aumentar el consumo y la demanda agregada. Quiere fortalecer un modelo sostenible con el medio ambiente, pero no está dispuesta a superar la industria de la minería. Desea defender la soberanía frente a las instituciones extraparlamentarias o financieras, pero está dispuesta a destruir su propio Estado; o bien está a favor de la descentralización y, al mismo tiempo, de la armonización fiscal. Por no hablar de la noción axiológica que la impregna, donde el imperativo categórico kantiano -guiado por la noción de libertad autónoma- lleva el Bien al mundo como agente transformador para alcanzar el valor supremo -llámese paz, tolerancia, bienestar, felicidad, etc.- que en una operación dual trataría de evitar el sufrimiento en El Otro y que trabajaría a modo de contravalor universal: una vinculación estrictamente psicológica y supra-empática con respecto a la extensión de derechos a los animales, de la tolerancia cultural sistemática -con el Islam, especialmente- y la solidaridad sin fronteras. Aunque el fin sea noble, estas maneras de ejercer pueden llevar a realizar políticas contraproducentes, soluciones ineficientes y actitudes totalitarias. Aplicar la teoría del buen salvaje, entender que el otro, que el que sufre es intrínsicamente bueno por sufrir, puede llevar a cometer errores profundos y políticas desafortunadas, incluso irremediables.

El tiempo sigue transcurriendo y, mientras tanto, los fantasmas aún elevan su voz sobre su montura: “A cabalgar, a cabalgar”, dicen. Y esa es una estampa tétrica, en medio del desierto de la memoria.


IV. Izquierda bioética de derechas

La convergencia de las ideologías –auspiciada bajo el “pensamiento débil” de Vattimo– ha acabado por favorecer un proceso, justamente, de despolitización, pero sin olvidar que éste es el gran relato realmente existente. Así pues, nos centraremos en este punto en una corriente desordenada y fraccionaria, la izquierda bioética de derechas que, por su propio carácter, ha conseguido abandonar todas sus características políticas, favoreciendo, casi sin matices respecto a la derecha, una liberación dictatorial de la identidad.

El reemplazo de la política, no ya en una filosofía noética, sino en una concatenación de psicologismos, genera conexiones erróneas y gratuitas.

¿Por qué decimos que se trata de un izquierda bioética y de derechas? Justamente porque, si la biopolítica es la acción de control de los cuerpos de los individuos, la bioética es la acción de sistematizar, aunque diluidamente, la conducta y los valores de los individuos o las comunidades. Pero si este proceso sale de su esfera médica y se adentra en el terreno de la política, ¿qué es lo que la define como de derechas? La primacía de las etnias y las culturas, del extremo subjetivismo, de la psicología y de la exaltación identitaria: el “indigenismo”, las “creencias”, el “Pueblo”, las “lenguas”, los “territorios”, los “géneros”, el “RH Negativo”, el “folclore”, el “derecho a decidir”, los “cuidados”, los “saberes ancestrales” o la “Madre Tierra”. Pero no sólo esto: el reemplazo de la política, no ya en una filosofía noética, sino en una concatenación de psicologismos, genera conexiones erróneas como colonialismo/patriarcado, eurocentrismo/islamofobia, ciencia/relato, cristianismo/superstición o fronteras/represión. Es, a nuestro juicio, el reemplazo de la intelligentsia política por el arjé ético.

La izquierda bioética de derechas, desde luego, no posee esquemas tradicionales de organización ni es capaz de generar movimientos de masas y atracción social -tampoco los busca- debido a que sus vínculos, en el aspecto militante, se basan en el establecimiento de pequeños grupos que siguen la estela de los grupos de afinidad. Debido a la gran variedad de corrientes que se coordinan bajo este parámetro y que muchas veces no se entrelazan, hablaremos de distintos subconjuntos –o gólems- con la intención de aclarar nuestra propuesta:

Elementos aglutinadores: a) Oposición por sistema a la estructura capitalista pero sin adoptar una postura concisa respecto a su superación. b) De ahí que muchas de estas posturas se coordinen, simplemente, a través de una respuesta infrapolítica: el deseo de ruptura con el sustrato histórico presente, ya sea a partir del neoludismo –Theodore Kaczynski, Chipko–, el nacionalismo –étnico y cultural–, el primitivismo –John Zerzan, Feral Faun–, el decrecionismo –Attac–, el naturalismo –Greenpeace–, el animalismo –Peter Singer, A.L.F.– o el espiritualismo 4A veces, existen claros entrelazamientos: la complicidad de la Candidatura d´Unitat Popular con una monja, Teresa Forcades, y un decrecionista, Arcadi Oliveres, en la vanguardia de una revolución derechista como es el Procés. Juzguen ustedes mismos esta papilla que haría marearse incluso a Gianni Vattimo. c) La regresión conceptual regida entre dos criterios que parecen ser opuestos y que en realidad, no lo son: naturaleza y cultura. Esto conlleva el establecimiento de un nuevo tiempo-orden en el que, en los casos más extremos del primitivismo, el decrecionismo, el naturalismo o el animalismo, se aprecian pulsiones de muerte al desencadenarse la culpa del género absoluto: la especie humana. d) La desconfianza, notable o total, en la tecnología y la ciencia como instituciones coloniales, patriarcales y occidentales, sin darse cuenta que las leyes físicas y las químicas son las mismas en España, Bangladesh o Saturno. 5Esto sería como decir, rayando el absurdo, que dado que la teoría de la gravedad fue formulada por un hombre blanco, cristiano y heterosexual, la gravedad es un elemento imperialista-patriarcal-occidental; o, podríamos decirlo al revés: que la gravedad es un constructo y, por tanto, depende de la cultura o de si uno hace el pino Fruto de este criterio, se han dado cobijo a fórmulas medicinales dudosas por el simple hecho de considerarse “alternativas” o “tradicionales”, como si esto significara algo, más allá de una forma de autoritarismo positivo que atribuye, a lo que ha existido siempre, la autolegitimidad por su vejez y no por su eficacia. e) Una prueba de que estas filosofías se constituyen como antítesis de lo existente, en un claro ejemplo de repliegue, es que, si bien está probado que los cultivos transgénicos pueden ayudar notablemente a sociedades en desarrollo, algunos occidentales clamen en contra de su uso, favoreciendo la pobreza, la desnutrición y la servidumbre de aquellos que aún no disfrutan de tiendas eco y bio en sus ciudades. f) La búsqueda de la falacia de la naturalidad, de la armonía orgánica, de las “raíces” o la identidad, ha acabado por demostrar que el descolonialismo es, de nuevo, una visión etic [externa] del exotismo, que se ejerce siempre de forma oblicua. g) Un sentir transversal y ascendido a orden programático de primer orden, que la izquierda bioética de derechas, a falta de definición política, ha promovido como causa primera: el animalismo. Debemos recordar, no obstante, que los precursores en Occidente del animalismo y el ecologismo como elemento identitario e ideológico, además de establecer el primer corpus jurídico, fueron los nacionalsocialistas del NSDAP –los mismos que llegarían a horrorizarse por una corrida de toros mientras gaseaban a millones de seres humanos– 6En su visita a España, Heinrich Himmler, el 20 de Octubre de 1940, asistió a una corrida de toros en la Plaza de las Ventas de Madrid. Las fuentes de la época coinciden en señalar que Himmler salió horrorizado del espectáculo y sufrió un desmayo por tal motivo

La relación izquierda/defensa animal es gratuita, dado que se ha ascendido al primer rango de la ética, la ética de mínimos –el dolor-, como el único parámetro que la define. Esta noción apropiacionista, unida al desinterés mostrado por las referencias históricas, hace que el aristotélico zoon politikon parezca remitir inexorable y únicamente al derecho de las gallinas a vivir libres.

Esta corriente –sólo negada por el primitivismo más conservador, dado que algunos defienden la caza frente a la recolección- ha llevado al paroxismo la contradicción de exigir derechos a una entidad carente de derechos, en nombre, curiosamente, del Derecho; de ahí que dinamite su carácter positivo, a favor de una especie de derecho natural de carácter laico -aunque cercano al divino- regido por Gaia, y con una teleología propia -formulada no por causa final sino por causa formal– que acaba escondiendo una lógica tautológica, y que se sitúa en la misma categoría operacional que la del sujeto que en un paso fronterizo exclama: “tengo derecho a moverme libremente”, sin comprender la consustancialidad de tales términos.

El derecho se esgrime en torno a un contrato entre partes, -los sujetos de derecho-, dado que son capaces de percibir, por tanto, las obligaciones que éste mismo lleva implícitas y, por extensión, se adopta el derecho negativo y el deber negativo. La relación siempre ha de ser simétrica, ya que la extensión de derechos a los animales constituye cul-de-sac lógicos y literalmente sinécticos. 7De la sinéctica: acción de integrar elementos diferentes, aparentemente poco significativos, arbitrarios o desconectados, cuyo propósito es el de aumentar la probabilidad de éxito en la resolución de problemas. Aún así, y pese al obcecado esfuerzo del Proyecto Gran Simio y su pretensión arracional de extender los DDHH a los primates, éstos -dentro de su extrañeza histórica y jurídica- ya dejan claro en sus primeros apartados que el derecho a la libertad, a la dignidad y la vida, conlleva el “comportamiento fraternal con los otros”. La única opción real es la de, simétricamente entre humanos, reconocerles un trato, -ya que no podemos establecer un contrato- precisamente para no degradarnos moralmente. Por lo tanto, el debate no trataría sobre si tienen derechos los animales, si no cuáles son nuestras obligaciones hacia ellos.

La paz perpetua” kantiana ha acabado por demostrar que la izquierda bioética, junto a la arcaica, parezcan no entender la dialéctica de los Estados.

h) “La paz perpetua” kantiana ha acabado por demostrar que, frente a la necesidad real del pacifismo, la izquierda bioética, junto a la arcaica, parezcan no entender la dialéctica de los Estados, así como la tensión existente entre los intereses de cada individuo, familia, comunidad y sociedad. Este tipo de psicologismos, que presuponen una conceptualización de la política fundamentada en la bioética, provocan reacciones y ejemplos reales como la de IU-Almería, cuando la formación rechazó -con lenguaje de nativo americano- al Ex JEMAD Julio Rodríguez por ser “un hombre de guerra y de la OTAN” 8http://www.infodefensa.com/es/2016/05/13/noticia-almeria-rechaza-jemad-hombre-guerra.html. Consulta: 10/9/2016 Como si la defensa de la Nación y la lógica estructural militar, incluso la propia noción de guerra, fuesen parámetros intrínsecamente “malvados”. Desde nuestras coordenadas, entendemos que la guerra puede ser útil o no, necesaria o no, estratégica o no; pero atribuirle un sentido moral absoluto parece ingenuo, pues implica no reconocer que “el bien de unos es el mal de otros”.

En cualquier caso, aquel sueño húmedo de José Luis Rodríguez Zapatero, la Alianza de Civilizaciones, es un claro ejemplo de la ingenuidad moralizante del Primer Mundo. Y, efectivamente, la democracia ha dejado de ser un procedimiento instrumental y se ha convertido en el único fin desde el que orbita el Bien. Basta con oír a quienes dicen “nosotros somos demócratas”, como quien se bendice a sí mismo y se expía nominalmente. Esto es posible, en cierta medida, -¡Vattimo, se te escapó de las manos!– gracias a la paulatina recuperación del idealismo monista que, al permitir un tejido conceptual similar al de Laniakea 9Supercúmulo galáctico al que pertenece la Vía Láctea, dentro de una estructura de cuatro cúmulos: Supercúmulo de Virgo, nuestra galaxia; Supercúmulo Hidra–Centauro; Supercúmulo del Centauro y Supercúmulo Meridional, con una cuantificación orientada de diez mil billones de estrellas y cien mil billones de masas solares , todo forme una misma membrana: Democracia es justicia, solidaridad, tolerancia, libertad y transparencia, aunque, como Laniakea, ésta se vea arrastrada al Gran Atractor llamado Capitalismo. El idealismo monista, en este sentido, ha permitido consagrar sin pragmatismo tales conceptos, obviando el sentido operacional de los mismos y sus contradicciones. Sólo así se ha podido llegar a la canonización de la solidaridad o la tolerancia que, formalmente, no significan absolutamente nada. Pues los miembros del IS son tan solidarios entre sí como los miembros de una cooperativa de producción de hortalizas. La sacralidad de estos conceptos por considerarse, a priori, dentro de las coordenadas de la izquierda, han acabado por decirnos que este proyecto político hoy es, ante todo, un conjunto de buenas intenciones. 10Intenciones que, como exclamaría ingenuamente Jean Daniel, pertenecen en exclusiva a la izquierda. DANIEL, J.: Lo que yo creo: una ética de izquierda. Publicado en la edición impresa de El País, Madrid, a 6 de mayo de 2011


V. Conclusión

Todas estas corrientes avanzan a ritmos y frecuencias distintas. Muchas de ellas se dirigen a un pozo o a un callejón o, al contrario, cobran cada vez mayor fuerza. Así pues, hemos intentado reunirlas, sintetizadamente, para hablar de un perfil ideológico que nosotros llamamos “Usuario medio de la izquierda en la posmodernidad”.

Las coordenadas de las que hemos hablado, pertenecen al siglo XX, en su mayoría, aunque una gran parte de ellas se haya adentrado en el nuevo milenio. Los círculos de la filosofía francesa postestructuralista, por ejemplo, hoy han cobrado cuerpo a través de una corriente que pretende superarla: el realismo especulativo –Land, Brassier, Avanessian–, que ha recuperado un concepto decimonónico: el aceleracionismo. De carácter postmarxista, incurre en las extravaganzas de definir materialmente la relación entre la esquizofrenia, el cosmos y el neoliberalismo, amén de un lenguaje aún más oscuro y críptico que el de sus predecesores. En un ejemplo de excentricidad trendy, el Cosmos se somete a una sesión de psicoanálisis y el sistema económico, el E-marketing y el Big Data, cobran la dimensión de viejos y añorados Leviatanes.

Pero no podemos establecer esta nueva categoría, sin focalizar nuestra atención en la democratización de la herramienta que es Internet, donde todo lo precedente existe a través de hipervínculos. También, fruto del hartazgo político y de los fracasos del llamado socialismo real, el usuario medio tiene la capacidad de inscribirse simultáneamente en cualquier perspectiva de izquierdas, porque el acceso es inmediato.

Esta apasionante fragmentación ofrecida por Internet, como con todo, también sirve para garantizar relatos dominantes, esto es: el fragmento es la totalidad. Esto a veces presenta unas dinámicas donde se sublima todo lo que corresponda a ese relato personal, favoreciendo la demolición –por considerarse opresivo- del relato histórico. Pero la paradoja está en que, aquello que va contra la Historia, acaba por constituirse siempre como un nuevo Termidor, donde la noción de progreso deja de existir, pero al mismo tiempo se establecen los criterios de mejor y peor, antes y ahora, comprometido e irresponsable, según sus propias convicciones. Así pues, este usuario es capaz de ceñir su discurso, precisamente, a la crítica del discurso –dado que los hipervínculos confieren la sensación de ruptura con los ejes verticales-.

En este sentido, el usuario medio hace de la fragmentación su móvil totalizante, lo que hace que se pierda, sin darse especial cuenta, en un maremagnum incongruente: el ejemplo más claro está hoy en Twitter, desde el que se vertebran constantemente visiones emic [internas] que quieren hacerse pasar por etic [externas], y que se ven reflejadas en las masivas e inútiles muestras de solidaridad a través de hashtags, sobre todo cuando hay algún atentado. Así, Twitter y Change.org sirven como pretexto visibilizador de injusticias, al mismo tiempo que es incapaz de superar la superficialidad que le otorga su propio medio.

Pero, sin duda, lo que hoy ofrece una mayor respuesta en Twitter es, por ejemplo, la doxografía: el clímax del fundamentalismo democrático. Dejemos a un lado, primero, el mal gusto que tienen nuestros políticos por hacernos saber lo que no le importa más que a ellos; dejemos, también, los mantras y los lugares comunes asociados a cualquier caso hiriente de la esfera política; obviemos, también, las tensiones gratuitas e irrelevantes entre los partidarios de una causa o de otra, o los mensajes de apoyo o destierro a algún cantante, cómico o humanista. Estos son los fenómenos que se sobreañaden al medio. El fenómeno más relevante es el siguiente: la hipótesis de estar aconteciendo a la atomización –y disolución– anunciada de la izquierda, en detrimento de la consolidación y el campo de acción hegemónico de la derecha política.

Prueba de ello está en las muestras más groseras que se encuentran en las redes y fuera de ellas, en una órbita circular: mientras que la derecha política se constituye revolucionariamente –a favor de la incorrección política; fortaleciendo las soberanías nacionales; llegando a acuerdos económicos transnacionales; ofreciendo, desde muchos sectores, la superación del esquema de familia, así como la laxitud frente a la prostitución y las drogas; la conquista simbólica de las nociones de “esfuerzo”, “éxito” y “libertad” y un largo etcétera–, la izquierda indefinida toma visos de comunidad agustiniana: es la que ejerce, curiosamente, la caza de brujas y los pogromos virtuales a favor de la igualdad y siempre con la intención de exorcizar a los alienados: ideas mito-agente como “patriarcado” 11Todo esto acaba cristalizando en unas políticas públicas de discriminación positiva, que permiten que se pueda cribar la participación -repetimos, pública- de ciertas expresiones artísticas o estéticas en función al dimorfismo sexual o las adscripciones ideológicas. Por no hablar de la Ley de Violencia Género que, intentando solventar un problema que nos atañe a todos, acaba dinamitando alegremente el Estado de Derecho y el sistema procesal garantista -al que posiblemente estemos mal acostumbrados-, al no contemplar entre sus formulaciones la presunción de inocencia del denunciado, así como otros vacíos legales o errores lógicos. De todas formas, algún error cósmico debió de subsanarse de chiripa, ya que sería el propio López Aguilar el que caería víctima de su propia trampa, siendo condenado en falso por la ley que él mismo había creado , “colonialismo” 12Esta condición supone, a nuestro juicio, el éxito del racismo positivo que, al amparo de una condición supra-empática, en constante rastreo de una cultura primitiva, logra establecer un nuevo pecado original, la llamada “culpa colonial”. Gracias a esa especial condición de culpa hereditaria, -condición similar a la de un trastorno cuyos memes se adhieren a la estructura del ADN y que establecería, por medio de genética de poblaciones, la diferenciación entre pueblo colonizador y pueblo no colonizador- el usuario medio es capaz de librarse de esta herencia para poder traspasar a otro género de materialidad: puede condenar lo que sus congéneres no logran ver , “cultura”, “explotación”, “eurocentrismo”, “refugiados”, etc.

La izquierda está en repliegue frente a la derecha, de modo que se ha posicionado conservadora y defensivamente.

Sin embargo, lo que observamos es que, desde la militancia digital, la izquierda está en repliegue frente a la derecha, de modo que se ha posicionado conservadora y defensivamente. No es extraño, por tanto, que si “es más fácil imaginar el fin del mundo antes que una alternativa al capitalismo” 13JAMESON, F.: Future City, New Left Review 21, Londres, Mayo-Junio, 2003: https://newleftreview.org/II/21/fredric-jameson-future-city la izquierda en la posmodernidad también sea incapaz de imaginar un futuro donde el Estado del Bienestar –entendido en Europa como un cortafuegos contra la URSS-, desaparezca definitivamente. Nos encontramos pues, a nuestro juicio, en un proceso de ralentización de este fenómeno, auspiciando la completa incapacidad de adaptar creativa, y no dogmáticamente, la lógica de la izquierda política.

En este sentido, la correspondencia entre lo que hay dentro –Internet– y lo que hay afuera, parece del todo inexistente. La idea de “lo social” parece haberse desintegrado frente a lo simbólico, a lo estético y a la ética como valores políticos. El aparente radicalismo del usuario medio, fiel reflejo de la izquierda académica, se mueve entre hipervínculos cada vez más asfixiantes: reconoce como alienante la producción de mercancías, pero concede el grado de libertad de elección –lógica mercantil– a que las mujeres lleven el velo; considera que la proliferación de métodos racionalistas universales es etnocéntrico, mientras que adopta un reflejo moralizante y paternalista propio del Primer Mundo; es respetuoso con todas las creencias menos con las de su propio entorno; clama contra la propiedad pero exige más propiedad sobre su cuerpo; rechaza la austeridad, pero defiende la lógica protestante; eleva a la categoría de santos, a los intelectuales laicos; es ingenioso para diseñar grandes campañas de simpatía con pósters y banderas, pero definiendo su política sólo en base a esos elementos; reconoce, gracias a Derrida, Lacan y Foucault, que la realidad del mundo es nominal, esto es, inestable y contingente. Al mismo tiempo, se lamenta por todas las calamidades e injusticias globales que, a nuestro juicio, también debería ver como estrictamente “nominales”; etc.

Concluimos con la sensación de que todo esto parece referirse –pensando también en los tres fenotipos que hemos expuesto–, a un conjunto de visiones que de poca ayuda sirven en las favelas brasileñas, en las comunidades agrícolas del Sudeste Asiático o en los slums de la India. Pero, sobre todo, porque aportan la visión de un mundo que no conocemos y que ni está y ni se le espera.


Hay quien nos podría recriminar que, con este texto, no hemos sido propositivos. Muy al contrario; así que se lo explicaremos con una pequeña parábola:

Una casa se está consumiendo por el fuego y, mientras tanto, dos vecinos, que habían corrido despavoridos de su interior, dicen afuera:

-¡Hay que salvar la estructura!

-No, no. Primero hay que apagar las llamas.

Clara Alemany (Sant Feliu de Guíxols, 1983) es Licenciada en Derecho y Filosofía por la UPF y MA in Legal and Political Theory por UCL. Ha trabajado en Berwin Leighton Paisner (Londres) en el área de EU, Competition & Trade. Asimismo, ha trabajado en asesoría jurídica para TMS y Tribune Magazine.
Emilio Ferraz (Segovia, 1978) Licenciado en Sociologia por la UM y Máster en Ciencias sociales del Trabajo por la UBA (Buenos Aires). Ha trabajado como Analista de Investigación de Mercado Cuantitativo para la firma Brain Network además de colaborar con diversas publicaciones de análisis político como Arena o Ideas.

Notas   [ + ]

1. AFARY, J.; ANDERSON, K.B.: Foucault and the Iranian Revolution: gender and the seductions of Islamism. University of Chicago Press, Chicago, 2005
2. SELIKTAR, O.: Doomed to failure?, PSI Reports; ABC–CLIO, Santa Barbara, CA, 2009
3. Como el IS, un estado perfectamente deleuziano: se abre, se ensancha, se diluye, crece rizomáticamente, sin fronteras definidas
4. A veces, existen claros entrelazamientos: la complicidad de la Candidatura d´Unitat Popular con una monja, Teresa Forcades, y un decrecionista, Arcadi Oliveres, en la vanguardia de una revolución derechista como es el Procés. Juzguen ustedes mismos esta papilla que haría marearse incluso a Gianni Vattimo.
5. Esto sería como decir, rayando el absurdo, que dado que la teoría de la gravedad fue formulada por un hombre blanco, cristiano y heterosexual, la gravedad es un elemento imperialista-patriarcal-occidental; o, podríamos decirlo al revés: que la gravedad es un constructo y, por tanto, depende de la cultura o de si uno hace el pino
6. En su visita a España, Heinrich Himmler, el 20 de Octubre de 1940, asistió a una corrida de toros en la Plaza de las Ventas de Madrid. Las fuentes de la época coinciden en señalar que Himmler salió horrorizado del espectáculo y sufrió un desmayo por tal motivo
7. De la sinéctica: acción de integrar elementos diferentes, aparentemente poco significativos, arbitrarios o desconectados, cuyo propósito es el de aumentar la probabilidad de éxito en la resolución de problemas.
8. http://www.infodefensa.com/es/2016/05/13/noticia-almeria-rechaza-jemad-hombre-guerra.html. Consulta: 10/9/2016
9. Supercúmulo galáctico al que pertenece la Vía Láctea, dentro de una estructura de cuatro cúmulos: Supercúmulo de Virgo, nuestra galaxia; Supercúmulo Hidra–Centauro; Supercúmulo del Centauro y Supercúmulo Meridional, con una cuantificación orientada de diez mil billones de estrellas y cien mil billones de masas solares
10. Intenciones que, como exclamaría ingenuamente Jean Daniel, pertenecen en exclusiva a la izquierda. DANIEL, J.: Lo que yo creo: una ética de izquierda. Publicado en la edición impresa de El País, Madrid, a 6 de mayo de 2011
11. Todo esto acaba cristalizando en unas políticas públicas de discriminación positiva, que permiten que se pueda cribar la participación -repetimos, pública- de ciertas expresiones artísticas o estéticas en función al dimorfismo sexual o las adscripciones ideológicas. Por no hablar de la Ley de Violencia Género que, intentando solventar un problema que nos atañe a todos, acaba dinamitando alegremente el Estado de Derecho y el sistema procesal garantista -al que posiblemente estemos mal acostumbrados-, al no contemplar entre sus formulaciones la presunción de inocencia del denunciado, así como otros vacíos legales o errores lógicos. De todas formas, algún error cósmico debió de subsanarse de chiripa, ya que sería el propio López Aguilar el que caería víctima de su propia trampa, siendo condenado en falso por la ley que él mismo había creado
12. Esta condición supone, a nuestro juicio, el éxito del racismo positivo que, al amparo de una condición supra-empática, en constante rastreo de una cultura primitiva, logra establecer un nuevo pecado original, la llamada “culpa colonial”. Gracias a esa especial condición de culpa hereditaria, -condición similar a la de un trastorno cuyos memes se adhieren a la estructura del ADN y que establecería, por medio de genética de poblaciones, la diferenciación entre pueblo colonizador y pueblo no colonizador- el usuario medio es capaz de librarse de esta herencia para poder traspasar a otro género de materialidad: puede condenar lo que sus congéneres no logran ver
13. JAMESON, F.: Future City, New Left Review 21, Londres, Mayo-Junio, 2003: https://newleftreview.org/II/21/fredric-jameson-future-city