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Todas las condiciones de lo fantástico se pueden, quizá, resumir en la ambigüedad misma.

Tzvetan Todorov, quien fallecía hace pocas semanas, trataba de definir en su Introducción a la literatura fantástica (1970) las diferentes partes de un género cuya principal característica sería, precisamente, eludir toda definición.

Para Todorov “el corazón de lo fantástico”1Aunque el término lo usa Todorov en su Introducción parece claramente prestado de R.Caillois quien publicaba cinco años antes “Au coeur du fantastique” (1965)  residiría en un acontecimiento imposible de explicar bajo las reglas de este mundo que, sin embargo, sucede en este mundo. Frente a este tipo de fenómenos se presentan dos opciones: o bien estamos frente a una ilusión de los sentidos, un producto de la imaginación, o bien el acontecimiento se produjo realmente y es entonces la realidad la que está regida por leyes que desconocemos. Esto es lo que el autor llamaba, respectivamente, lo extraño y lo maravilloso.

Entre tanto, el totalitarismo parece en estos días volver a enseñarnos la patita por debajo de la puerta. Bajo el código de la crítica actual, esta patita identitaria ya no es de lobo ni de carnero, sino de los dos animales simultánea o alternativamente. Según Todorov, “en términos generales, es preciso decir que un género literario se define siempre en relación a los géneros que le son próximos” y no como una sustancia fija. Lo fantástico ya no sucede en el lector o en el personaje, ahora sucede en ambos y contra sí mismos, provocando una integración del lector con el mundo de los personajes y de éstos con el mundo real. Hasta el punto de impedir una interpretación externa al texto.

Nuestra época parece abocada a caminar indefinidamente por la cuerda floja de esa vacilación. De la misma manera que la aparición del psicoanálisis no destruyó los tabúes, sino que sencillamente los desplazó, la actual explosión del género literario, artístico, sexual, no redefine la identidad tanto como la está desplazando hacia nuevas formas de esencialismo inodoro. A la manera del emperador Vespasiano, progresar se ha convertido en un peaje ideológico que se cobra a la entrada de la letrina pública, permitiendo depurar plusvalías que no huelen y que, sin embargo, son producto de la orina. 2“Tito, hijo del emperador Vespasiano, le recriminaba a su padre el cobro de impuestos sobre las letrinas públicas. El emperador le acercó a su hijo el dinero de la primera recaudación preguntándole si le molestaba el olor, y al contestarle Tito: «non olet» (no huele), le replicó «y sin embargo es producto de la orina».”, Non Olet, 2005, Rafael Sanchez Ferlosio . Un peaje en apariencia ligado a la ambivalencia interpretativa de la que hablaba Todorov pero que, en virtud de su simplificación en la economía del conocimiento, olvida que cualquier aplicación programática de la ambigüedad sería ya simple realismo. Poco o nada insólito. Poco o nada fantástico.

Para los surrealistas lo fantástico se reducía a una simple ruptura del orden reconocido; o como decía Caillois, “una irrupción de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad cotidiana” cuya piedra de toque sería “la impresión de una extrañeza irreducible”. Esta idea, a priori algo antigua, clásica y cerrada, es capaz de resonar no obstante de forma sincrónica con definiciones tan distantes como el objeto de Graham Harman3“The only way to do justice to objects is to consider that their reality is free of all relation, deeper than all reciprocity. The object is a dark crystal veiled in a private vacuum: irreducible to its own pieces, and equally irreducible to its outward relations with other things.” Graham Harman The Quadruple object (2011:47) , la elección del presidente Trump, un atentado terrorista, o el sentido “atmosférico” de H. P. Lovecraft, para quien lo fantástico siempre estaría ligado, de hecho, al miedo o al terror4“La atmósfera es lo más importante pues el criterio definitivo de autenticidad [de lo fantástico] no es la estructura de la intriga sino la creación de una impresión específica […] Un cuento es fantástico, simplemente si el lector experimenta en forma profunda un sentimiento de temor y terror, la presencia de mundos y de potencias insólitos” LOVECRAFT H. P., Supernatural Horror in Literature, New York, Ben Abramson, 1945..

Sucede que al insistir en la posibilidad de sistematizar, de definir la temática fantástica, aún siendo altamente improbable, probablemente imposible, Caillois era capaz de perseguir una contradicción sistemática que la historiadora Claudine Frank ha llegado a definir muy bien como un sistema de “generalidades parciales”. Frente a la “voluntaria ininteligibilidad” de los surrealistas, que tenían muy claro qué es lo que no debía ser interrogado para no salirse del manifiesto de la modernidad, el etnógrafo renegado quería contraponer una “involuntaria inteligibilidad” de lo fantástico. Ésta, por contra, sí podía ser estudiada por medio de una mecánica de especulaciones racionales y dispositivos para-científicos como pueden ser los ideogramas objetivos, las fórmulas del imaginario, las mitografías, las ciencias diagonales o la performatividad de la mímesis.

Para este sistema imaginario, lo fantástico era un pieza de “un mundo que queda protegido de la asimilación por virtud de su oscuridad irreducible”. Este es el mundo de las aspiraciones del espíritu, de sus deseos y sus decepciones; el lugar en el que ni las palabras ni las imágenes pueden dar cuenta de esas realidades informes, sin forma estable, que desafían todo retrato y descripción. Sin embargo esto no quiere decir que no tengan un patrón o que se pueda especular con él. Su indefinición se preserva sólo si se define ese vacío sistemáticamente por medio de artificios: sólo entonces huye, gravitando indefinidamente hacia un horizonte de acontecimientos que está en permanente retirada. Para Caillois lo fantástico, sus imágenes ambiguas, “requieren de un circumloquio”; “para conocerlas mejor y para que otros puedan desearlas es necesario recurrir a un lenguaje intermediario y usar un modo de conocimiento que se define -como describiera San Pablo a los Corintios- bajo la visión de un enigma reflejado en un espejo.”

Bajo el signo de estos astros nos preguntamos: ¿Puede la imaginación ser estudiada de forma sistemática? ¿Se puede hablar de una ciencia de las imágenes, o son estas las que permiten violar toda norma, haciendo “saltar” todos los sentidos? En cuyo caso, ¿participa “el sistema” actual del género de lo fantástico? y ¿de qué forma la defensa de la imaginación, del arte, se vuelve en él un sistema clientelar?


Para este número, Usue Arrieta nos habla de la expansión subjetiva del tiempo, de su elasticidad, a través de los Base Jumps, los happenings y el Red Bull en Bebidas energéticas y producción de imágenes en caída libre, donde el cuerpo conoce el límite del salto al vacío; no muy lejos de estas sincronías se encuentran las reflexiones de Paula García-Masedo, con su Cayendo hacia abajo, sobre la arquitectura de las cuevas y de la inclusión del cuerpo en ellas, donde la inmersión en la roca despierta a un mundo poblado de seres híbridos, eróticos y grotescos. Esos seres adquieren el carácter de muertos vivientes en Del «Colour field» al «graveyard», de José Díaz, donde el autor, convertido en nigromante, sistematiza una pintura llamada a ser zombi, atrapada en su condición material y que sirve de reflejo a una época que sólo produce basura. De manera paralela, y con motivo de su exposición en Madrid, Carlos Fernández-Pello traduce un texto de Joseph Grigely publicado originalmente en 2002, en el que se explora también la relación monstruosa entre el texto, el cuerpo y la práctica editorial. Enfrentados a este festival de las tinieblas, Avalovara Selectors proponen dos capítulos musicales en El corazón de lo fantástico, donde las dos sesiones de escucha llevan al oyente a un estado cercano al de la elevación. De la mística de las sensaciones escribe Ana Garriga en Cuando el cuerpo era otro cuerpo, en el que se reflexiona sobre las imágenes premodernas que unían las emociones a los órganos, donde éstas circulaban en forma de fluidos y vapores. En relación a la sistematización de los sentidos o las emociones, el artículo de Daniel del Río, titulado Variaciones de nuestro silencio, da cuenta de la dificultad de apreciar el silencio en un mundo poblado por el ruido, donde el sentido de la espera y la ausencia se muestran con asombro frente a la estructura del arte. Finalmente, en Aprendiendo de Esparta, Julián Cruz traza un recorrido entre los mitos e imágenes que han acompañado a la polis griega hasta el presente, en una crítica donde el carácter benigno o maligno de los sueños se muestra como una misma realidad.

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Notas   [ + ]

1. Aunque el término lo usa Todorov en su Introducción parece claramente prestado de R.Caillois quien publicaba cinco años antes “Au coeur du fantastique” (1965) 
2. “Tito, hijo del emperador Vespasiano, le recriminaba a su padre el cobro de impuestos sobre las letrinas públicas. El emperador le acercó a su hijo el dinero de la primera recaudación preguntándole si le molestaba el olor, y al contestarle Tito: «non olet» (no huele), le replicó «y sin embargo es producto de la orina».”, Non Olet, 2005, Rafael Sanchez Ferlosio
3. “The only way to do justice to objects is to consider that their reality is free of all relation, deeper than all reciprocity. The object is a dark crystal veiled in a private vacuum: irreducible to its own pieces, and equally irreducible to its outward relations with other things.” Graham Harman The Quadruple object (2011:47) 
4. “La atmósfera es lo más importante pues el criterio definitivo de autenticidad [de lo fantástico] no es la estructura de la intriga sino la creación de una impresión específica […] Un cuento es fantástico, simplemente si el lector experimenta en forma profunda un sentimiento de temor y terror, la presencia de mundos y de potencias insólitos” LOVECRAFT H. P., Supernatural Horror in Literature, New York, Ben Abramson, 1945.