Echando una ojeada al último número de la revista que el lector tiene ahora frente a sus ojos, me topé con una idea, la de “cuestionar las propias creencias”, a la que tantas veces he recurrido en la intimidad para incluir a una persona en una de las dos categorías de esa taxonomía tan privada que (¿todos?) hacemos, entre personas inteligentes y personas que no lo son tanto.

En realidad se trataría de un tipo de inteligencia muy concreta, una inteligencia que tiene mucho que ver con la capacidad de caminar con pies de barro, de pisar arenas movedizas pero no cesar la marcha, un estar sereno aún sabiendo que gran parte de las certezas de hoy serán mañana incertidumbres y pasado verdades distintas. En el fondo, quizá pueda resumirse bien en la fórmula “aprender a estar cómodo en la incomodidad”.

Me encuentro más o menos con cierta recurrencia con una situación similar a la siguiente: discusión en torno a un tema de actualidad. Los participantes vomitan sus diferentes visiones del tema sobre los demás contertulios. Éstas se abalanzan con firmeza pero no consiguen sino resbalar en la superficie, sin penetrar un solo milímetro de piel ajena. El efecto es espectacular. Podríamos hablar de auténtico Gore Tex cerebral.

Esta actitud resulta más desagradable cuando va acompañada de un planteamiento idealista y en cierto modo purista, que no contempla que la realidad, infinitamente compleja, desborda siempre los términos que utilizamos para referirnos a ella. De esta forma, el sujeto, al esgrimir sus argumentos cae constantemente en simplificaciones y reduccionismos intentado sustituir una idea por otra, un concepto por otro, y no acepta la posibilidad de que haya “algo de verdad” en las afirmaciones ajenas.

Quizá lo que más me llama la atención de estos casos es la terquedad con la que se rechazan de manera frontal las ideas diferentes (“peligrosamente diferentes”). Después de darle vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que en muchos casos el individuo hace lo único que puede hacer: afirmar su existencia o, más bien, el significado de ésta.

¡La posibilidad de plantearse la existencia de ideas contrarias era inadmisible! ¡Era el significado de su propia existencia lo que estaba en juego!

Me explico: cuando uno ha vivido un periodo de tiempo lo suficientemente largo conforme a unas creencias, ¡la mera posibilidad de plantearse la existencia de ideas contrarias es inadmisible! Pondría en cuestión y hasta en ridículo la vida entera de uno. Y quizá lo que resulta aún más insoportable, ¡sería ésta una vida vivida sin significado!

Hemos de darnos cuenta de lo inasumible que esto resulta para un individuo. Se trata en muchos casos de una lucha por impedir que la personalidad quede desdibujada. He conocido a personas de enorme capacidad negando con una vehemencia extenuante, al borde del colapso mental, siquiera la posible existencia de algunas ideas que ponían en duda sus bien asentadas creencias. Pero claro, ¡se trataba de una lucha a muerte! ¡Era el significado de su propia existencia lo que estaba en juego! ¡Bien valía la lucha un ictus cerebral si fuese necesario!

Navegar por estos mares de incertidumbre no es tarea cómoda. La autocrítica es constante y en consecuencia agotadora. La tentación se presenta de forma inmediata 1 KIERKEGAARD, S.: “El destino de lo inmediato es ser abolido”-El concepto de la angustia-, en referencia a la “advertencia favorita de Hegel”. Selecciones Austral Espasa Calpe, introducción por Jose Luis L. Aranguren, 1982, p. 52 y casi irresistible: desechar la información automáticamente por su lugar de procedencia o por su incompatibilidad en un primer vistazo con algunos de nuestros “must” mentales, esos que configuran el marco fundamental de nuestro pensamiento y que en ocasiones dejamos incluso que definan quiénes somos.

Paco Izquierdo (Valladolid, 1989). Abogado y economista. Ha trabajado en consultoría estratégica (BCG) y en finanzas (Merrill Lynch, Bestinver, Banco Santander). Interesado en corrientes de pensamiento fuerte, dedica parte de su tiempo al estudio de la actualidad política y social, con la firme intención de triturar todo lo que de confuso y vago se encuentre.

Notas   [ + ]

1. KIERKEGAARD, S.: “El destino de lo inmediato es ser abolido”-El concepto de la angustia-, en referencia a la “advertencia favorita de Hegel”. Selecciones Austral Espasa Calpe, introducción por Jose Luis L. Aranguren, 1982, p. 52