En verano de 1904, un obrero gaditano bajó a la playa a enterrar unos despojos de pescado entre la arena mojada después de comer. Se agachó y empezó a escarbar con sus manos lentamente. Los dedos, uno a uno, profundizaban en las tripas de la costa. Todo ocurría con aparente normalidad hasta que notó al tacto algo frío. La velocidad aumentó poco a poco y, combinando un gesto de torpeza e incredulidad, sacudió la tierra entre sus manos. Ahí estaban. Unas cuantas monedas pequeñas, irregulares e indudablemente antiquísimas. Entonces se dio cuenta que su descanso laboral se estaba extendiendo demasiado y que la obligación siempre suele ser incompatible con el éxtasis que supone un descubrimiento de tal calibre. Rápidamente enterró los restos de pescado y se llenó los bolsillos con la monedas que consiguió desenterrar y comenzó a andar con normalidad, como si nada hubiera pasado. A los pocos días, sus vecinos se enteraron de la historia que te estoy contando.

El rumor se propagó como la pólvora. Adultos, mayores y niños abarrotaron la playa y se pusieron a cavar en la arena. El Desastre del 98 se convertía en un fantasma que podía ser derrotado en un sólo golpe de pala. Muy pocos se lucraron del tesoro. Ninguno consiguió jubilarse anticipadamente gracias a este descubrimiento. Comentan que el obrero, al llegar a su casa, vació sus bolsillos y al día siguiente malvendió las monedas a cambio de comida y vino. En Cádiz el viento es traicionero. Dicen que es capaz de volver loco a una sociedad entera. La fiebre del oro gaditana tan sólo fue una brisa pasajera.

Ese mismo día hacía un calor horrible en Madrid. Durante el verano en la ciudad nunca sopla el viento, ni siquiera a principios de siglo. En aquel instante, el aire se condensaba en las camisas almidonadas de un puñado de hombres bien peinados, reunidos en uno de los edificios más hermosos de la capital proyectado por los arquitectos Javier y Luis Ferrero.

En ese encuentro, aquel grupo de hombres fundaron Los Previsores del Porvenir, la entidad que dominaría el seguro chatelusiano en España. El seguro chatelusiano era una modalidad de seguro de vida no científico que llegó a gozar de bastante aceptación en Francia y España. Los Previsores era una empresa cuyo funcionamiento estaba inspirado en las Tontinas, un sistema de ahorro consistente en crear una mutualidad, con reparto periódico de intereses entre los mutualistas. El último superviviente de entre éstos, recibía además la totalidad del capital acumulado.

Las tontinas se crearon dos siglos antes de su aparición en el país. Como todo en aquella época llegaba tarde a nuestras costas. Sin embargo, se instauró con éxito entre los pequeños comerciantes y la población obrera de clase media y baja. Con el paso del tiempo, las tontinas se ilegalizaron: provocaban asesinatos y desapariciones misteriosas entre los participantes de las mismas. Había que repartirse el botín y, al fin y al cabo, el último superviviente era quien se llevaba la mejor parte.

Un ejemplo de tontina se encuentra en El muerto vivo, una novela de Robert Louis Stevenson, que publicó en 1889. Año en el cual August Gissler abandona su Alemania natal y desembarca en la Isla de los Cocos en Costa Rica para iniciar el proyecto que ocuparía la mayor parte de su vida: descubrir los tres tesoros que aparentemente se escondían allí.

A pesar de la mala fama de las tontinas, que hicieron quebrar a muchas empresas, Los Previsores del Porvenir, sin embargo, se adelantaron a los acontecimientos.

Un año después de la ocupación de la playa gaditana por la muchedumbre, el Tío de la Tiza, también conocido como Antonio Rodriguez Martínez, cosechaba su mayor éxito musical gracias al tanguillo “Aquellos duros antiguos” basado en esta historia de éxtasis colectivo en el sur de España. Mientras el Tío de la Tiza se coronaba como uno de los más ilustres compositores del carnaval de Cádiz, a 8,827 kilómetros al oeste, August Gissler abandonaba la Isla de los Cocos. Después de haber invertido prácticamente toda su juventud en ese trozo de tierra en medio del Océano Pacífico, August se alejaba de tierra costarricense mientras Antonio y su grupo “Los Anticuarios” cantaban frente al pueblo gaditano: “Algunos, pescaron más de ochenta duros, pero más de cuatro, no vieron ni uno.”

Gissler, en su lecho de muerte, afirmó: “Estoy convencido de que un gran tesoro está oculto allí, pero había que emplear mucho más tiempo y más dinero para encontrarlo. Si fuera joven, retomaría esta búsqueda una vez más, desde el principio.” Muchas son las fuentes que afirman que “La Isla del Tesoro” de Stevenson estaba inspirada en la Isla de los Cocos que habitó August. El buscador alemán murió en 1935, justo diez años después de la ilegalización en España de los seguros de vida no científicos. La mala fama que crearon este tipo de mutualidades, aunado con la crisis económica del país, hicieron quebrar a varias empresas similares a Los Previsores del Porvenir, pero ellos, como su nombre indica, se adelantaron a los acontecimientos e hicieron lo que cualquier empresa haría hoy en día: reinventarse. Se cambiaron de nombre y de actividad principal, abandonando a su suerte al gran grueso de pequeños comerciantes que incluyeron sus ahorros en estos seguros de jubilación. No obstante, los Previsores estaban respaldados por la aristocracia y uno de sus principales inversores era Alfonso XIII, quedando estos casos de posible estafa desactivados bajo la apariencia de rumorología popular.

No hay datos exactos de qué tipo de monedas son las que encontró aquel obrero mientras enterraba restos de pescado. Todos los indicios apuntan que eran Reales de 8. Estas piezas, tan pequeñas y aparentemente poco sofisticadas, son elementos cruciales en la historia de la economía siendo la primera divisa de uso mundial estando vigente a lo largo de cuatrocientos años, predecesora del Dólar estadounidense o el Yuan chino. El Real de 8 fue moneda de curso legal en los Estados Unidos, donde su valor era equivalente al de un dólar, hasta su prohibición en 1857, cien años antes de que los Previsores del Porvenir cambiaran su nombre por primera vez.

Para formar parte de Los Previsores del Porvenir, tenías que hacerlo en otra divisa más familiar para nosotros, invirtiendo 1 peseta al mes durante veinte años. En teoría, esta operación a largo plazo sería rentabilizada por todos los usuarios de los servicios de los Previsores aunque eso nunca llegó a ocurrir del todo, debido a su larga transmutación en otra empresa nueva, mediante cambios de nombres, sedes y objetivos. Aunque no lo sabes, te topas diariamente con ellos. Con los Previsores. Seguramente mientras paseas, mientras te diriges a tu trabajo, a tu casa o a un bar. Es posible que alguien de tu familia o tú mismo tengas algún tipo de compromiso con ellos.

Los Previsores del Porvenir finalmente pasaron a llamarse Banco Popular. La sede donde se inició esta aventura no cambió pese al nuevo nombre. Era un edificio nacido a la par que la propia Gran Vía madrileña. De estilo neoplateresco con alegorías escultóricas y un gran reloj coronando una gran fachada que albergaba, a su vez, la mejor cafetería de la ciudad, el Café Sao Paulo: café tostado traído de la mayor ciudad de Latinoamérica.

Dicen que fue a la altura de la calle Brasil donde el obrero gaditano encontró los duros antiguos. Por ello, si paseas por allí alguna vez, te encontrarás con un monumento del Tío de la Tiza que recuerda este suceso. Su canción fue versionada durante muchísimos años. La más mediática fue la de Marisol en la película “Tómbola” donde, inevitablemente, quedó eclipsada por el estribillo de la canción principal “La vida es una tómbola, tom tom tómbola”, mantra generacional de los sesenta, época donde Los Previsores / Banco Popular, finalmente, abandonaron su sede en la Gran Vía de Madrid.

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En junio de 2017, el Banco Popular fue comprado por el Banco Santander por un euro. De nuevo, Los Previsores sufrían un cambio de rumbo drástico y especialmente mediático, donde clientes y empleados temían por su futuro económico. Esta venta, autodenominada por los interesados de “carácter simbólico”, subrayaba el origen etimológico de nuestra economía fiduciaria 1Del lat. fiduciarius. Fide = fe. El dinero llamado fiduciario, o dinero fiat, es el que se basa en la fe o confianza de la comunidad, es decir, que no se respalda por metales preciosos ni nada que no sea una promesa de pago por parte de la entidad emisora. planteando la duda sobre nuestras cabezas del valor real que puede llegar a tener una moneda.

Una máquina donde el azar es una variable previsible para aquellos que las construyen, que las financian o distribuyen; donde las esperanzas se vuelcan sobre un sistema.

Un mes antes de esta transacción, la entrada “Flipism” en Wikipedia registraba su récord de visitas gracias a Kevin Spacey haciendo de Frank Underwood 2Este texto fue escrito poco antes de las acusaciones de abusos sexuales cometidos por Kevin Spacey, lo que ahora resuena, dentro de lo planteado de este texto, como el giro de manivela de la Diosa Fortuna. N.d.E. , mirando a cámara. Underwood explica lo que es “Flipism3https://www.youtube.com/watch?v=-YHCDaJN25U de una manera casi literal a lo que podrás encontrar en la enciclopedia virtual, sin olvidarse de citar las referencias más relevantes como es Flip Decision, un cómic de Carl Barks donde hace uso de este término,“Flipism”, como una pseudofilosofía que el personaje principal de la historieta, el Pato Donald, utiliza como metodología para tomar decisiones y, a su vez, para desarrollar la trama del libro. Es la primera vez en la que el “Flipism” se torna protagonista en una trama de ficción y es curioso que sea Barks, creador del Tío Gilito, quien lo ejecutara.

Gilito o Scrooge McDuck, cumple con todos los requisitos para ser la encarnación del sueño americano: personaje nacido en Europa sufriendo una niñez miserable, emigra a Estados Unidos, donde se beneficia de la fiebre del oro para terminar siendo un banquero de éxito. Según los cómics de Barks, Gilito conservaba una moneda de diez centavos, que obtuvo limpiando botas en su desdichada adolescencia, convirtiendo ese objeto en un símbolo del triunfo.

Esos diez centavos era el premio máximo que podías ganar jugando a la “Liberty Bell”, la primera máquina tragaperras que, según la cronología dibujada por Barks, Charles Rey comenzó a perfilar (en la realidad) cuando Gilito compró su primer banco (en la ficción, donde los patos pueden ser multimillonarios). Esta máquina se llama así ya que incluye, en el tambor de símbolos, además de herraduras, diamantes y corazones, una campana que representa la “Liberty Bell” americana. Todo un símbolo estadounidense asociado a la Guerra de la Independencia, entendido como un icono de la nación.

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La “Liberty Bell” auguraba el porvenir de toda esa epidemia febril que estaba esperando su momento para aparecer y contagiar a casi todo el globo terráqueo. Un mecanismo donde una sola moneda acciona unos simples engranajes que, con el tiempo, se irían haciendo más complejos y perversos. Una máquina donde el azar es una variable previsible para aquellos que las construyen, que las financian o distribuyen, donde las esperanzas de un jugador se vuelcan sobre un sistema que cuenta con un símbolo nacional en las piezas que lo conforman.

La quinta temporada de House Of Cards fue todo un éxito. El mcguffin sobre el lanzamiento de monedas evidenciaba el cuidado de un guión donde el presidente de EE.UU es un sociópata con rasgos psicopáticos con gran talento para persuadir a las masas, dándonos a los espectadores algo de esperanza ante el azar, la aleatoriedad y lo que significa: que existe algo de imprevisibilidad, que en cualquier momento puede haber un cambio en la trama.

Queridos amigos, siento decepcionaros, pero parte de esto es sólo ficción. Una historia de anónimos que protagonizan coplillas, de Gilitos que hacen Historia con mayúscula, de botines que se pierden en las costas, que nunca se encuentran en las islas, de símbolos nacionales que se cuelan en nuestro día a día. De narraciones donde hay simples maquinas pero grandes maquinarias. De narraciones de dos caras, como las monedas en este texto.

Piet Hein, un poeta que escribió sobre el “Flipism” como un método para tomar decisiones en una Europa convulsa 4“A Psychological Tip”: Whenever you’re called on to make up your mind / And you’re hampered by not having any/ The best way to solve the dilemma, you’ll find / Is simply by spinning a penny / No—not so that chance shall decide the affair / While you’re passively standing there moping; / But the moment the penny is up in the air / You suddenly know what you’re hoping. , inventó un calendario perpetuo, es decir, un mecanismo donde el tiempo se entiende como ciclos que se repiten, donde la historia, por tanto, no deja de ser un bucle infinito.

El porvenir es una palabra que nos sitúa en un futuro. Tan sólo tenemos que aprender a lidiar con todos aquellos previsores que trabajan arduamente para hacerlo mensurable en su propio beneficio: “Life is but a gamble! Let flipism chart your ramble!”la vida es una tómbola, tom tom tómbola”.

Raquel G. Ibáñez (Madrid, 1989) Licenciada en BB.AA UCM. Miembro de El Banquete a tiempo parcial. Hago muchas cosas, ando metida en muchos líos, todos de rentabilidad económica nula. Lo que viene a ser una entusiasta, vaya. Sin frontera clara entre lo que es ser artista y cuentista (¡storyteller suena mucho mejor!). Puedes encontrarme en raquelgibanez.com

Notas   [ + ]

1. Del lat. fiduciarius. Fide = fe. El dinero llamado fiduciario, o dinero fiat, es el que se basa en la fe o confianza de la comunidad, es decir, que no se respalda por metales preciosos ni nada que no sea una promesa de pago por parte de la entidad emisora.
2. Este texto fue escrito poco antes de las acusaciones de abusos sexuales cometidos por Kevin Spacey, lo que ahora resuena, dentro de lo planteado de este texto, como el giro de manivela de la Diosa Fortuna. N.d.E.
3. https://www.youtube.com/watch?v=-YHCDaJN25U
4. “A Psychological Tip”: Whenever you’re called on to make up your mind / And you’re hampered by not having any/ The best way to solve the dilemma, you’ll find / Is simply by spinning a penny / No—not so that chance shall decide the affair / While you’re passively standing there moping; / But the moment the penny is up in the air / You suddenly know what you’re hoping.