«¿No hay un solo cristiano aquí

dispuesto a perder la cabeza?»

Constantino XI

Hace exactamente 563 años, Mehmed II asediaba la ciudad de Constantinopla y con ello, anunciaba la desaparición del Imperio Romano de Oriente. La gran mayoría de los historiadores modernos, para quienes Bizancio representó en sus últimos días un símbolo de la decadencia política, coinciden en señalar que aquella victoria por parte de los Otomanos, puso fin a la Edad Media.

Este evento fue analizado por el periódico ABC, el 30 de Enero de 1955, en un artículo editorial titulado Lágrimas contra el llanto, en el que, después de una larga reflexión sobre la teología y la ciencia, se describía lo siguiente:

Los bizantinos llegaron al máximo de la sutileza y de la penetración. Pero aplicaron su microscopio mental a la teología y rasgaron con su bisturí al espíritu. […] Cuando los turcos, con su sed milenaria y abrasadora del desierto, pusieron sitio a Constantinopla (como a un oasis de estatuas, fuentes, mosaicos y palomas) los monjes de Bizancio, mientras tanto, discutían cuántos miles de ángeles cabían de pie en la punta de un alfiler.

Seis siglos después, aún convive con nosotros esa expresión coloquial conocida como “discusión bizantina”, según la cual y, desde una definición peyorativa y utilitaria, designa a todo tipo de teoremas absurdos y vacíos que enfrentan indefinidamente a sus participantes.

Los jerarcas de Bizancio fueron expertos en debatir sobre puras trivialidades, pero la vida les iba en ello, al igual que a nosotros. Y qué mejor para recordar que, en épocas de crisis, como la nuestra y como la que acaeció sobre Constantinopla, aún queda un margen para la extravagancia y la inutilidad. Los monjes comprendieron que la teología era una rama en prosa de la poesía más alta y que ninguna espada podría destruir sus caprichos.

Gracias a aquellos monjes, nosotros hemos entendido que la sofisticación no es algo que vaya unido a la prosperidad.

Hoy estamos rodeados de Mehmeds II, y a ellos van dedicadas nuestras más sinceras venganzas.