En 1758, Johann Winckelmann, autor de Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura, visitó la Iglesia de San Juan en Magdeburgo, donde Johann Georg Hamann, apodado El Mago del Norte, cubría la vacante de Federico Eberhard Boyen, vicedirector de la escuela de estudios asociada a la congregación de esta ciudad.
De aquel encuentro, Winckelmann salió advertido y censurado por Hamann, el primero de los pensadores alemanes en poner en tela de juicio la mayoría de edad ilustrada. No fue hasta dos años después de que Winckelmann publicara Historia del Arte de la Antigüedad (1764), cuando se hizo pública una de sus cartas en las que aparecía esta disputa en torno al papel de la crítica de arte.
El fragmento de una de estas conversaciones, hasta ahora inéditas en español, forma parte de mi trabajo de doctorando sobre el irracionalismo romántico y, por contra, en torno a la generación alemana simpatizante de la Revolución Francesa, en particular sobre los textos de Winckelmann Uber Anmut un Wurde y Gotter Griechenlands, de gran influencia para Goethe, Schiller, Klopstock y Hegel.


J.J. Winckelmann: Quiero volver a lo básico, al papel de la crítica… Amigo mío, el siglo XIX está cerca, aunque no creo que lleguemos a verlo. Por eso debemos entender dónde está la posibilidad de la crítica… acercarnos a ella con empatía. Ya tenemos suficientes vidas de pintores… ¡atrás con ellas! Mejor cambiarlas por nuevas historias del arte. Lejos queda el siglo XVII, con toda su indigencia. Por eso estas palabras están dirigidas al hoy, a nuestra época y a nuestros hijos… Me he aventurado con algunas ideas, que puede parecer que no están suficientemente comprobadas: ideas para investigar el presente y para seguir adelante. A nuestros hijos va dirigido el papel de la crítica: no se debe vacilar en buscar la verdad, incluso en detrimento del propio respeto. Hay que lanzarse al vacío para que muchos vayan por el buen camino.
J.G. Hamann: Querido Johann… Cuando Immanuel me preguntó una vez acerca del camino a escoger, yo le respondí: ¡el camino, en efecto, no existe! ¡Este es mi camino! ¿cuál es el tuyo?
J.J. Winckelmann: Ése hombre del que hablas tiene tan poco conocimiento, que ninguna respuesta le importará. Pero yo te digo, Georg, que escuches lo que voy a decir de una vez por todas: lo que tenemos que asumir es que estamos en un contexto de indefinición. ¡No podemos ser estáticos… necesitamos un tránsito para la nueva crítica de arte!
J.G. Hamann: Mi camino, Johann, concuerda más que con ninguna otra cosa con el revés de los tapices, pues ahí es donde se hace visible la trama que constituye el dibujo. ¿Acaso has visto lo que hay debajo de tu alfombra? ¿Has mirado aquello que constituyen tus fundamentos?
J.J. Winckelmann: ¡Ah, juegas con palabras! Siempre quisiste la minoría de edad… Pero ya no estamos en el siglo XVII. Yo escribo para quien vive hoy y venga mañana; porque hay quienes parecen dirigirse a los muertos como si estuvieran vivos… El papel que debe desempeñar la crítica es el de superar el pasado, el no mirar atrás.
J.G. Hamann: Y sin embargo te lamentas de la indefinición, cuando aún no has dicho nada. ¿De dónde pueden surgir tus ideas, si no son del pasado? ¿Cómo llegaron a ti, entonces? Porque el hombre es una alfombra… Tú también has sido tejido con los hilos de otros y has formado nuevos dibujos… Actúas como una avestruz. ¡Deja de esconder la cabeza!
J.J. Winckelmann: ¡Yo no quiero una crítica que use las herramientas habituales! Espero que sembremos la tierra para que las futuras generaciones acepten sólo una posición subjetiva… que se interesen también por la ciencia, la literatura, desde una posición diletante.
J.G. Hamann: ¿No estás actuando como Immanuel, cuando se contradice al afirmar que es necesario prescindir de los tutores ya que la Ilustración implica «pensar por sí mismo en todo momento»?
J.J. Winckelmann: ¡Espera un momento, Magus im Norden! Para ser críticos debemos generar confianza y ser generosos. ¿Con quién, dirás? Pues yo les pregunto a los artistas: ¿Qué otros artistas os interesan?
J.G. Hamann: ¿Y a cuántos de esos artistas les interesas tú?
J.J. Winckelmann: ¡El pueblo alemán conoce bien mi trabajo! A todos ellos me dirijo.
J.G. Hamann: Tu utopía helénica no deja de ser como la democracia de Pericles: todos somos iguales, menos aquellos que no lo son. Por supuesto, sé que tú no serías de los segundos.
J.J. Winckelmann: ¡El crítico y el artista deben trabajar piel con piel, Georg, somos iguales! Seamos así capaces de articular, de decir, de equivocarnos. Más mi función es la de entrar, buscar y navegar dentro de la creación artística.
J.G. Hamann: Pero no sois iguales, ¿verdad? Porque, ¿quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas? No fueron los reyes; ni los escribas.
J.J. Winckelmann: No seas inocente, no todos los artistas pueden descender a la arena política.
J.G. Hamann: He ahí vuestro tutelaje, vuestra mayoría de edad: “¡Artista!, ¡Plasma!, ¡No hables!”
J.J. Winckelmann: Yo quiero llegar al código de cómo trabajan los artistas. No estamos tan lejos de los matemáticos. Hay que asumir que tenemos un método.
J.G. Hamann: Pero no te olvides de una cosa, Johann: que el «árbol de la ciencia» no nos impida disfrutar del «árbol de la vida».
J.J. Winckelmann: En el futuro, ese árbol del que hablas nos será indiferente. La vida sólo me interesa si puede estar a la altura de la crítica. Esa es la verdadera belleza, Georg: hablar como hablo, sin decir más bien nada y, pese a ello, estar siempre rodeado de artistas que aplauden mi ingenio. No es fácil esto que sugiero. Es una idea novedosa, la de ponerse en el lugar del otro, no para entenderle, si no para decirle lo que quiere oír. De lo contrario, correríamos el riesgo de no estar de acuerdo en lo que digo… y sabes bien, por el amor de Dios, que la democracia helena es nuestro faro.
Julia Nascimento (Cascais, 1986) es licenciada en filología por la Universidade de Lisboa y actualmente doctorando por la UCM, cuyo trabajo de tesis se estructura sobre el romanticismo alemán y, muy especialmente, en torno a la figura de Johann Georg Hamann y la edición crítica de Metakritik über den Purismum der Vernunft. Este tema centró sus investigaciones en el Instituto Max Plank de Frankfurt/M. durante el verano de 2016, gracias a una beca de la Max Plank Gesellschaft.