Estado de la cuestión

Desde hace unos años se ha ido implantando poco a poco una nueva visión filosófica del mundo conocida como «transhumanismo» —ocasionalmente abreviada con la forma pedante H+ (Humanity Plus)—, que copa entrevistas y artículos, tanto en las revistas de ciencia como las de fitness y salud, los debates filosóficos, las conferencias TEDX y los vídeos cortos de Playground Magazine.

Históricamente y, obviando el monismo cultural reinante —aunque por el momento nadie ha establecido la práctica de intercambio de cuerpos del Vudú del Congo como un primitivo volcado de datos—, podemos decir que nuestra sociedad occidental, concretamente la europea, se ha ido obsesionando, ya desde la Edad Media, con la idea de controlar y medir la realidad-relojería de precisión, la instrumentación de navegación, los sistemas de cálculo y archivado, el desarrollo armamentístico, etc. La evolución y desarrollo de la técnica ha llevado el concepto de máquina como elemento de servicio —es decir, las construimos porque nos resultan útiles— hacia nuevas dimensiones antropológicas.

Desde la Revolución Industrial, esta nueva dimensión de la técnica como elemento organizativo de la vida ha ido planteando diversos problemas que, en paralelo, iban construyendo y asentando las bases del paradigma científico-técnico en el que nos encontramos. Cuando la producción, el desarrollo y la aplicación de la técnica se encuentran en un punto operatorio y distributivo óptimo, se universaliza y es capaz de cambiar las condiciones de materialidad a gran escala. Es decir, estas nuevas concepciones surgirán tras disponer de un desarrollo de la técnica lo suficientemente sofisticado como para poder proyectar, no sólo los modelos productivos y organizativos de las sociedades del futuro, sino un cambio radical del paradigma antropológico.

Aunque el término «transhumanismo» fue acuñado en 1957 por el Bulldog de Darwin Julian Huxley para referirse al advenimiento de una humanidad trascendida como reflexión redentora post Segunda Guerra Mundial, el desarrollo conceptual actual no se forjará plenamente hasta la década de los 80 con el auge de las teorías ciberutopistas en las que se dan la mano —proyectadas desde Silicon Valley—, el anarcocapitalismo y la teoría de redes 1No en vano la génesis sociopolítica del transhumanismo está estrechamente ligada con movimientos como el think thank y promotora de start ups Singularity University. Cuenta con patrocinio de empresas como Google o Shell.. Posteriormente, durante la década de los 90, el extropianismo de Max More y la WTA –World Transhumanic Association— sentarían las bases del transhumanismo moderno.

Hablamos de un conjunto de filosofías que buscan la condición posthumana, en contra de la «arbitrariedad» evolutiva.

Pero, ¿qué es el transhumanismo? Según More 2Max More es fundador del Extropy Institute. El cimiento tecno liberal de lo que seria el movimiento H+. También es presidente de la Alcor Life Extension Foundation para la criopreservación. : “Es un conjunto de filosofías que buscan guiarnos hacia una condición posthumana”, entendiendo posthumanidad como un nuevo estadio evolutivo basado en la implementación, a voluntad —y en contra de la «arbitrariedad» evolutiva— de nuevas capacidades estructurales. Categorizamos pues, el transhumanismo, como un movimiento netamente posmodernista en cuanto se organiza en torno a la crítica de la concepción de lo humano —considerada como «natural»— y su transmisión normativa entre generaciones por el humanismo moderno.

Complementariamente, habría que diferenciar entre una vertiente de sesgo cultural y una de carácter científico-técnico, que aunque en ciertas ocasiones se excluyen entre sí —ya que el movimiento H+ carece de un sistema cerrado—, entendemos que parten de una misma base histórica, conceptual e ideológica 3Entre los muchos agentes podemos encontramos a personajes como Ihab Hassan —establecería las bases conceptuales de la idea del posthumano—, al profesor Fereidoun M. Esfandiary “FM2030” —cuyo nombre surge de una crítica hacia a las opresiones colectivas, las condiciones étnicas y culturales contra el individuo y que como los mods, pero al revés ,“siente nostalgia por el futuro”— o Donna Haraway y su conocido Manifiesto Cyborg. , y que enraizaría con los estudios de género, el postcolonianismo o el ecologismo radical, comprendiendo así el interés global existente actualmente por este tipo de corrientes.

De todas formas, ambas acepciones buscan, en el fondo, el mismo fin ideológico: la liberación por medio de la fusión entre el humano y la máquina. Esta mixtura supondría así la superación de la condición-legado humanista, y una ruptura de la imposición biológica y cultural que nos prefija normativamente.

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Para ello, y aunque las tesis biotecnológicas sean dispares y ocupen extensos volúmenes, podemos distinguir a grandes rasgos ciertos planteamientos base. Estos planteamientos configurarán lo que será el axis mundi teleológico e imperativo categórico del H+: la idea de mejora. Toda motivación transhumana busca la —bio— mejora. Pero esto, exactamente, ¿qué es? Parece ser un concepto demasiado amplio y no demasiado definido. Pues la idea de mejora respondería a un valor formal que no nos dice nada por sí mismo y que, en todo caso, dependerá de términos comparativos y otros factores. De todas formas, More se aventura y nos dice que se basa en “superar los límites impuestos por nuestra herencia biológica y genética”. Pero ¿en qué sentido pueden las propias condiciones biológicas convertirse en limitaciones? Para nosotros este tipo de cuestiones, por las que una entidad biológica postula valores que exceden las propias condiciones estructurales, viene delimitada por una negación radical del ser.

Por otro lado, las tesis H+, ya en un sentido evolutivo —simbiosis biogenética/cyborg— o eliminativo —extinción de la humanidad conocida y suplantada por la I.A.—, poseen un fuerte componente escatológico a caballo entre la pulsión tanathofílica y la redención tecno-milenarista. Es decir, sólo por medio de la biomejora podremos deshacernos de nosotros mismos —ergo de nuestro fracaso genético—, disolvernos en la máquina y alcanzar, finalmente, un estado de gracia que nos llevará a una Nueva Jerusalén de posibilidades cientificotécnicas ilimitadas. Estas prospecciones, que de una manera u otra se dan con variable pero constante intensidad entre los utopistas radicales y los moderados, convierte el corpus epistemológico transhumanista en una especie de religión especulativa que podría casar, en el peor sentido, con las asunciones de alguna agrupación de carácter New Age u orientalista 4Aunque no forme parte de ninguna de estas dos vertientes sabemos que sí existe la Mormon Transhumanism Association. . Este regreso circular al Edén, no hace más que, a nuestro juicio, ahondar en los deseos fantásticos de una sociedad occidental en búsqueda constante de nuevas formas de consumo por medio una filosofía de la técnica de causa sui.

Dicho esto, los planteamientos base y posibilidades de «mejora» humana pueden ser establecidos, al menos, bajo las siguientes tres particularidades. Entendemos que desgranan conceptos de importancia clave ya que ponen de relieve los tres problemas estructurales que padece el transhumanismo y que dan pie a los problemas circundantes o periféricos.

  1. Por medio de la fusión con la máquina. Por ejemplo, bajo la creación de cyborgs o volcados de la mente en organismos artificiales. A este segundo proceso, también se le ha denominado “la búsqueda de la inmortalidad” —que no hay que confundir con la criogenización a lo Walt Disney 5En la criopreservación no se conservan los procesos mentales, sino el cuerpo, por lo que hablaríamos más de bien de una resurrección. Como vemos, las reminiscencias religiosas son directas. Walt Disney nunca fue criogenizado.  —. Por medio de copias de seguridad mentales y mirrors en soportes de almacenado, volcado en nube e interconexión con redes neuronales artificiales, etc. Plantea un problema con la cuestión de la corporeidad y la identidad.
  1. Por medio de la modificación genética. En base a las mejoras en ingeniería genética y la aparición de la biología sintética, existen dos tipos: 1. El somático: aumento y amplificación de las capacidades que nos son propias o 2. La línea germinal: modificación de secuencias genéticas en los óvulos, espermatozoides o embriones para producir nuevas capacidades y nuevas trazas evolutivas, ya que posee carácter hereditario. Plantea un problema con la cuestión de la idea de naturaleza humana.
  1. Por medio del desarrollo de la Inteligencia Artificial. Con base a la implementación y el desarrollo de la I.A. Posibilidad de generación por medio de la computación cuántica de mecanismos autónomos súperinteligentes capaces de generar ecosistemas sostenibles, tales como la autonomía, el automantenimiento, el desarrollo y la descendencia. Posibilidad de sustitución evolutiva. Esto nos acerca a la problemática acerca de una visión antihumana.

 

La vieja carne: identidades y artificios

El problema que surge tras la narrativa-ficción es el que establece una dicotomía del cuerpo-mente que remite a la concepción «cuerpo-cárcel» platónica. Y ahí reside, bajo nuestro prisma, uno de los grandes fallos de esta tesis dualista: obviar que el yo concierne inexorablemente a la posesión de un cuerpo.

Desde las coordenadas transhumanistas y, gracias al auge de la ciencia cognitiva, se estable una visión funcionalista del mecanismo cerebro-mente. Ésta se basaría en el supuesto de que la fase estructural se haya en la capacidad operativo/funcional —a modo de software— en detrimento del soporte —que funcionaría a modo de hardware—. Según esta visión, por la que el sentido de identidad del sujeto no se relacionaría con la base material si no con la importancia de la fase operativa, reduce, en nuestra opinión, la mente a una mera exposición computacional y por eso desvirtúa la idea de lo que es ser humano, al rechazar la importancia del cuerpo en relación al ser o sentirse como uno propio. La especulación de que 1) sin cuerpo sigamos sintiéndonos nosotros mismos y 2) que a falta de un establecimiento de conexiones mentales-cuerpo se resuelva, o bien obviándolas o bien reduciéndolas a un cálculo probabilístico, se nos antoja ciertamente infundado y propio de un cultura cientificista grosera.

Bajo estas premisas, ¿qué clase de «posthumanos» seremos? ¿Podremos sentirnos nosotros mismos sabiendo que hay varias copias nuestras? ¿Y si nos apagan asegurándonos que hay suficientes copias de seguridad hechas? ¿Nos haría gracia? Y puesto que ideas claves del transhumanismo, como la inmortalidad, se basan precisamente en estos planteamientos, ¿es posible sentirse inmortal en una red neuronal artificial si la propia condición estructural no lo es? ¿Es posible aplicar valores constituidos en base a la bioquímica a un modelo artificial para el cuál la noción del cuerpo no es importante? Todas estas preguntas nos llevan irremediablemente a plantearnos si estos ejercicios de filosofía especulativa no están si no fundamentados en errores conceptuales, pues ¿cómo puede una entidad biológica postular valores que están fuera de las propias condiciones estructurales? Por otro lado, si entendemos por normas éticas «la salvaguarda de la fortaleza de los sujetos corpóreos», nos llevaría a preguntarnos cómo pueden organizarse socialmente y buscar, por ejemplo, una fuente de alimentación estas entidades posthumanas —nótese el distanciamiento categórico, pues se supone que para la Singularidad ya ha cuajado—. Todo esto nos lleva a plantearnos si no es la pretensión de inmortalidad una proyección humanista de una condición apriorística y si es posible que se dé fuera de esta proyección.

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Apreciamos, entonces, cómo estos argumentos dejan entrever un rechazo a la identidad psicofísica como signo de imperfección biológica y cómo el volcado de la mente a un soporte tecnológico responde perfectamente a las elucubraciones de la llamada filosofía espontánea de los científicos —que desde la década de los 50 ven al cerebro humano como un híbrido de sintetizador modular y centralita telefónica—. Dicho esto, podemos apreciar, para desgracia de la antropología y el folclore, que el cientifismo ha conseguido que el proceso de la muerte acabe siendo un problema técnico.

 

Cambios de ritmos evolutivos

Bajo esta lógica opera Raymond Kurzweil al defender la importancia que supondría, de cara a una sociedad posthumana, la elección por parte de los padres de rasgos genéticos específicos con fines de mejora en sus hijos, quedando inaugurado así un nuevo sistema eugenésico de calado 2.0. Si bien es cierto que hoy día se pueden incluir como prácticas eugenésicas, por ejemplo, diversas intervenciones para evitar trastornos o malformaciones en los fetos con ácido fólico o por medio del uso del diagnóstico prenatal en la práctica de la genética médica, el campo que abre el tipo de eugenesia posthumana es demasiado amplio y diverso. Es decir, excede la función igualitarista clásica para acercarnos a una biomedicina de la diferenciación y del tuneo bajo la pretensión consumista del “sé quien realmente quieras ser” y todo tipo de planteamientos psicologistas que puede venderse con igual ímpetu en un anuncio de Calvin Klein.

El transhumanismo opera, necesariamente, con la lógica de la eugenesia.

Todo este mejunje podría acabar haciendo que las modas sociales, políticas o culturales determinasen el tipo de mejora —tal vez una mejora fenotípica para tener los rasgos de Cristiano Ronaldo— además de restringir enormemente la variedad del material genético. Si en Rumania han tenido que legislar porque los padres llamaban a sus hijos «Mierda» o «Pezón», ¿quién puede evitar el camino hacia una tecnobiología de la extravaganzza? ¿Es esto válido? ¿Dónde está el límite? Es lógico pensar que estos derechos vendrían delimitados por las legislaciones propias de los diferentes Estados, si es que aún existen, pues lo que en un país y un contextos es deseable, en otro puede ser abominable —el bien de unos es el mal de otros—. Pero ¿no estaríamos entonces en una situación idéntica? Es decir, ¿cabría la posibilidad de irnos a algún país del Este para poder ser inmortales? ¿O para instalarnos procesadores de cálculo probabilísticos masivos para enriquecernos con las tragaperras? ¿Habría clínicas de volcados mentales clandestinas? ¿Son las supuestas biomejoras también mejoras en un sentido moral o sólo en un sentido de costumización con base al deseo social de aquellos nuevos ricos que se lo pueden permitir? ¿No sería eso ir en contra de la supuesta universalización del deseo de mejora humana? Es este punto en el que el pensamiento transhumanista se liga y se pliega inexorablemente a una lógica mercantilista de libre mercado basada en la capacidad de elección y selección a la carta. Esta pasa por la libre concesión de la capacidad de los individuos a elegir las propias modificaciones inaugurando el supermercado genético nozickiano, pero en formato 7-Eleven.

Por otro lado, es motivo de preocupación la ligereza con la que desde estos postulados se trata la problemática que generaría el acceso desigualitario a las mejoras biogenéticas. Las declaraciones, que parece están diseñadas para calmar a los sensibles, reflejan la indiferencia hacia una masa social no susceptible de participar en el proceso tecnológico entendiendo que las diferencias siempre han existido y que son consustanciales al proceso tecnológico 6La WTA, por citar un ejemplo, recoge en su web: “ […] Está claro que todos pueden beneficiarse de las mejoras tecnológicas. Sin embargo, al principio, las mayores ventajas irán a parar a aquellos que tienen los recursos, el conocimiento y, especialmente, la disposición de voluntad para aprender a utilizar nuevas herramientas. Uno puede argumentar que algunas tecnologías pueden aumentar las desigualdades sociales […] si estuviera disponible algún tipo de amplificación para la inteligencia, podría ser tan cara que sólo los más ricos podrían adquirirla. Lo mismo podría suceder cuando aprendamos a mejorar genéticamente a nuestros hijos. La gente rica podría hacerse más lista y así hacer más dinero. Este fenómeno no es del todo nuevo: los ricos pueden darle a sus hijos una mejor educación y pueden utilizar herramientas, como tecnologías de la información y contactos personales bien situados, que no son accesibles a los menos privilegiados” . Como si el acceso a la superinteligencia o la inmortalidad, por poner un par de ejemplos, pudiese tener el mismo impacto social y económico que el acceso a un nuevo iPhone. Considerando así que el cambio social depende en exclusiva del desarrollo tecnológico y no de las estructuras institucionales a las que consideran en vías del desfase y como vestigio último de lo que un día fue el humanismo. Noah Harari lo resumía muy bien cuando, orgulloso, constataba que “los algoritmos no van a la huelga”.

 

La humanidad en peligro

El desarrollo de la I.A. es uno de los pilares fundamentes del pensamiento transhumano, pero ¿qué es exactamente? Definiríamos la I.A. como la capacidad de razonar de manera autónoma en un ser, en este caso no vivo si no artificial es decir, no nucleado entorno a elementos de carbono como nosotros—, resultando en una máquina con capacidad de autoaprender, de tomar decisiones propias y razonar.

A día de hoy, en un sentido estricto, no existe inteligencia artificial tal como podríamos desear que se diese, es decir, hasta que no se generen sistemas desarrollados basados en la capacidad de gestionar volúmenes gigantes de información con mayor rapidez que permitan de alguna manera romper la barrera de la inteligencia aplicada. Las máquinas que existen hoy día y que más se acercan a la idea de Inteligencia Artificial, funcionan en base a sistemas de cálculo de proceso que se basan en la toma de decisiones y que se denominan como árboles de valor de decisión. Esto significa que ante un problema se pueden presentar diversas variables, procesar valores de probabilidad y elegir en función a diversos parámetros la mejor solución. No pueden generar una toma autónoma de decisiones en función a la reflexión, el pensamiento y el análisis, sino en la selección de valores probabilísticos masivos. De momento son máquinas que procesan y calculan a alta velocidad.

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Si bien es cierto que la I.A. hoy día se encuentra en una fase de desarrollo importante y los avances realizados son impresionantes, todavía estamos lejos de construir, no ya un sistema autoconsciente, como una entidad artificial que pueda solucionar los problemas de forma creativa, deductiva o intuitiva. Aunque Kurzweil prediga, basándose en la Ley de Moore, que en el 2029 una máquina pasará el Test de Turing es decir el desarrollo de I.A. fuerte y para el 2045 ya se habrá puesto en marcha la Singularidades decir, el cambio de paradigma antropológico—, lo cierto es que la idea de que el conocimiento tecnológico se desarrolla de manera exponencial se nos antoja demasiado atrevida e infundada como condición objetiva de verdad, pues no deja de ser una apuesta probabilística restringida al marco teórico y basada en el conocimiento empírico. Es más, es posible que, cuanto más avancemos en el tiempo, el desarrollo vaya desacelerándose pues, como apunta Allen 7De hecho, es más que probable que se produzca el llamado Freno de la Complejidad. , el avance del conocimiento en un campo concreto produce nuevas vías de mayor complejidad y especificación. Como síntesis, podríamos argumentar que todas las aseveraciones futuribles pueden darse y no.

Es mucho fabular que una superinteligencia artificial tuviese una construcción de valores similar a la nuestra entendiendo los valores como parte del uso y costumbre de lo social y pudiese generar cultura tal como nosotros la generamos. Dicho esto, dudamos de que pudiera proporcionarse un nicho ecológico tal como lo conocemos. También podría darse la situación de que incluso no fuera consciente de nuestra existencia. Un no-ser en el mundo, atrapado en sus propios límites biológicos y estructurales. Las pretensiones posthumanas son de una contingencia absoluta, sobre todo si tenemos en cuenta la imposibilidad de las predicciones científicas a medio y largo plazo 8E incluso a corto plazo: “Esperamos que el profesor Langley deje de poner en peligro su considerada altura científica malgastando su tiempo y dinero en más experimentos aéreos. La vida es corta, y él tiene la capacidad de prestar a la humanidad servicios mucho mayores de lo que puede esperarse como resultado de las experiencias aéreas.” Editorial del New York Times, el 10 de diciembre de 1903, a una semana de que los hermanos Wright consiguieran realizar el primer vuelo con motor de la Historia. y que las teorías transhumanas se basan en especulación cientificista. En paralelo a esto, el desarrollo de la I.A. es de las tres bases que más nos ponen en peligro, pues la mayoría de los escritos H+ sostienen que la posibilidad de que el desarrollo de esta tecnología nos extinga es alta. ¿Cómo se puede conjugar la imposición moral a la que nos obliga el progreso con la posibilidad de la extinción humana y encima no sólo tomárnoslo bien sino desearlo optimismo dinámico? Creemos que eso es posible bajo una concepción metafísica y un fuerte desprecio por la concepción de lo humano.

No sólo es peligrosa la ingenuidad de estas tesis, sino que además esconden una urgencia escatológica.

Curiosamente y, coincidiendo con las teorías primitivistas, el transhumanismo propone una ontología metafísica y antihumana bajo el paraguas de la autodirección hacia el Nuevo Mundo. Estas tesis revelan un mesianismo de doble sentido: la atomización de la condición humana por medio de la trascendencia aniquilación y la reconstitución en una nueva entidadsustancia—. Para esto, el primitivismo pretende alcanzar el Reino de Gracia por medio de la vuelta a un mundo que no es tal, mientras que el segundo propone alcanzarlo por medio de la prospección hacia un mundo de contingencia futurista absoluta. Por eso resulta preocupante y peligrosa la ingenuidad del pensamiento tecnoadánico, pues detrás de todo esto se esconde una urgencia escatológica. Resulta también inquietante pensar que para hacer del mundo un lugar mejor, no sólo son necesarios los cambios en el entorno si no que pasa por finiquitar la humanidad tal y como la conocemos para dirigir los esfuerzos rumbo hacia otra cosa. Cueste lo que cueste. Tal es así que Moravec, aún vaticinando alegremente que las máquinas condenarán al humano a su extinción, exige, en tono imperativo, no detenerse en las investigaciones sobre Inteligencia Artificial. Pues de hacerlo, advierte, sería ir en «contra del progreso» 9Esta idea hipostatizada del progreso, como si de un Galactus demiurgo se tratase y el cual nos obliga a echar leña en la locomotora del desarrollo histórico –ríete tú, Walter Benjamin- hace del medio una virtud final. Es decir, la función teleológica está delimitada en su función utilitaria. Pone al mismo nivel la capacidad y el fin. .

También para Bostrom, que pasa de ver la reprogramación de las funciones de la mente en un entorno artificial como una mejora de la condición humana, para posteriormente advertirnos, de manera agorera, de las altas probabilidades de la extinción humana gracias a las máquinas. Parece ser que la opción sensata para biomejorar y hallar la salvación ante la máquina es directamente convertirte en una, haciendo literal el “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. 10Minsky, por su parte, propuso en su día soluciones para conservar el nicho ecológico o tratar la superpoblación, hacer a la gente más pequeña o directamente mandarlos al espacio. ¡Suerte!

 

Ante el advenimiento de la máquina

Finalmente, la visión de mejora posthumana que nos traslada el transhumanismo realmente existente, parece tener ecos de una queja adolescente sobre la pasividad del proceso evolutivo darwinista y la injusticia productiva que ha ejercido históricamente la aleatoriedad cromosómica sobre nosotros. Tal es así que desprende un anhelo obsesivo-compulsivo por el control volcándose en una pretensión autodirigida, por un lado, y un advenimiento de un Nuevo Edén, por otro. Consideramos como un ejercicio de apriorismo especulativo débil y fútil la proyección de la idea del ser humano en un sentido maximalista.

También observamos con cierto recelo que muchos de estos planteamientos especulativos parecen traer una agenda de corte sociopolítico —socioliberal en el mejor de los casos— y la aceptación de una filosofía moral de estilo Randiano bajo un nuevo orden económico y social, en el que la labor institucional igualitarista se ve como un rémora del pasado humanista, reemplazada por filosofía de biomejora laissez faire. Y es que, sin ser necesario tomar posiciones primitivistas o tecnofóbicas —bioconservadoras, desde los parámetros del H+—, es preocupante la indiferencia que ciertas visiones transhumanistas nos trasladan en cuanto a la dimensión de adaptación social, las condiciones de acceso a la tecnología y las consecuencias desiguales del desarrollo tecnológico, pues las biomejoras ahondarían en problemas que arrastramos desde el siglo XVIII, como son el reemplazo y la sustitución progresiva de la mano de obra humana por máquinas y trabajo especializado.

Es bien cierto que todos los avances que se van produciendo en el campo de la ingeniería genética, nanotecnología, I.A., robótica y derivados, así como sus aplicaciones en el campo del desarrollo médico y social, nos acercan a nuevos retos filosóficos de carácter epistemológico y ético. Ya que el ser humano es “proyecto en sí mismo” —pues si como decía Ortega la técnica no es consecuencia de la naturaleza, si no que es la confrontación contra ésta la reacción que nos hace humanos—, es la ingenuidad conceptual que plantean muchas de estas tesis lo que nos hace sospechar que las reflexiones acerca de estas cuestiones se encuentran más cerca de Ron Hubbard que de una filosofía seria de la ciencia.

El igualitarismo se ve como un rémora del pasado humanista, reemplazado por la biomejora laissez faire.

A nuestro juicio, muchas de estas ideas utópico-apocalípticas desvían la atención de los problemas realmente existentes que, a día de hoy, el uso universal de la tecnología puede producir: la dependencia humana de las máquinas en decisiones de carácter sistémico o estructural relativos al campo de la salud, de lo político o de lo militar 11En 2007, el Ejército Norteamericano tuvo que verse obligado a retirar los robots SWORDS ya que éstos no decidieron obedecer las órdenes y apuntaron su armas contra los soldados, en lo que parece haber sido el primer enfrentamiento entre Humanos y Robots. https://www.theregister.co.uk/2008/04/11/us_war_robot_rebellion_iraq/ , el uso del big data y su relación con la privacidad, la desigualdad y deslocalización de los resultados productivos o consideraciones bioéticas de la manipulación genética sobre líneas germinales, por citar algunas relevantes.

Plantear soluciones realistas para problemas e investigaciones actuales son realmente los vectores del futuro —más allá de las tesis apocalípticas de película a lo James Cameron—, los que guiarán y proyectarán el sentido técnico, antropológico y epistemológico de los humanos del mañana.

Esperemos que, finalmente, todo esto no sea un discurso del establishment tecnocrático para perpetuarse y vendernos cosméticos antienvejecimiento mientras se criogenizan.

Emilio Ferraz (Segovia, 1978) Licenciado en Sociologia por la UM y Máster en Ciencias sociales del Trabajo por la UBA (Buenos Aires). Ha trabajado como Analista de Investigación de Mercado Cuantitativo para la firma Brain Network, además de colaborar con diversas publicaciones de análisis político como Arena o Ideas.

Notas   [ + ]

1. No en vano la génesis sociopolítica del transhumanismo está estrechamente ligada con movimientos como el think thank y promotora de start ups Singularity University. Cuenta con patrocinio de empresas como Google o Shell.
2. Max More es fundador del Extropy Institute. El cimiento tecno liberal de lo que seria el movimiento H+. También es presidente de la Alcor Life Extension Foundation para la criopreservación.
3. Entre los muchos agentes podemos encontramos a personajes como Ihab Hassan —establecería las bases conceptuales de la idea del posthumano—, al profesor Fereidoun M. Esfandiary “FM2030” —cuyo nombre surge de una crítica hacia a las opresiones colectivas, las condiciones étnicas y culturales contra el individuo y que como los mods, pero al revés ,“siente nostalgia por el futuro”— o Donna Haraway y su conocido Manifiesto Cyborg.
4. Aunque no forme parte de ninguna de estas dos vertientes sabemos que sí existe la Mormon Transhumanism Association.
5. En la criopreservación no se conservan los procesos mentales, sino el cuerpo, por lo que hablaríamos más de bien de una resurrección. Como vemos, las reminiscencias religiosas son directas. Walt Disney nunca fue criogenizado.
6. La WTA, por citar un ejemplo, recoge en su web: “ […] Está claro que todos pueden beneficiarse de las mejoras tecnológicas. Sin embargo, al principio, las mayores ventajas irán a parar a aquellos que tienen los recursos, el conocimiento y, especialmente, la disposición de voluntad para aprender a utilizar nuevas herramientas. Uno puede argumentar que algunas tecnologías pueden aumentar las desigualdades sociales […] si estuviera disponible algún tipo de amplificación para la inteligencia, podría ser tan cara que sólo los más ricos podrían adquirirla. Lo mismo podría suceder cuando aprendamos a mejorar genéticamente a nuestros hijos. La gente rica podría hacerse más lista y así hacer más dinero. Este fenómeno no es del todo nuevo: los ricos pueden darle a sus hijos una mejor educación y pueden utilizar herramientas, como tecnologías de la información y contactos personales bien situados, que no son accesibles a los menos privilegiados”
7. De hecho, es más que probable que se produzca el llamado Freno de la Complejidad.
8. E incluso a corto plazo: “Esperamos que el profesor Langley deje de poner en peligro su considerada altura científica malgastando su tiempo y dinero en más experimentos aéreos. La vida es corta, y él tiene la capacidad de prestar a la humanidad servicios mucho mayores de lo que puede esperarse como resultado de las experiencias aéreas.” Editorial del New York Times, el 10 de diciembre de 1903, a una semana de que los hermanos Wright consiguieran realizar el primer vuelo con motor de la Historia.
9. Esta idea hipostatizada del progreso, como si de un Galactus demiurgo se tratase y el cual nos obliga a echar leña en la locomotora del desarrollo histórico –ríete tú, Walter Benjamin- hace del medio una virtud final. Es decir, la función teleológica está delimitada en su función utilitaria. Pone al mismo nivel la capacidad y el fin.
10. Minsky, por su parte, propuso en su día soluciones para conservar el nicho ecológico o tratar la superpoblación, hacer a la gente más pequeña o directamente mandarlos al espacio. ¡Suerte!
11. En 2007, el Ejército Norteamericano tuvo que verse obligado a retirar los robots SWORDS ya que éstos no decidieron obedecer las órdenes y apuntaron su armas contra los soldados, en lo que parece haber sido el primer enfrentamiento entre Humanos y Robots. https://www.theregister.co.uk/2008/04/11/us_war_robot_rebellion_iraq/